Clara Peeters fue pionera en el campo de la naturaleza muerta y una de las pocas mujeres que, gracias a su condición social, se dedicaron a la pintura en el marco de los primeros años de la Europa Moderna. Esta exposición reúne, de cuarenta, las quince mejores obras procedentes de diferentes exposiciones y colecciones privadas, de la escasa producción conocida de Clara Peeters.

Cuatro de estos de estos importantes cuadros se conservan en el Museo del Prado de Madrid, convirtiendo a esta institución en una referencia para el estudio de sus obras. La vida y obra de Clara Peeters se enmarcan en el contexto cultural y artístico de Amberes (Países Bajos Españoles) y poniendo el foco de atención en la situación de las mujeres artistas en la Europa Moderna.

Clara Peeters

Clara Peeters – Mesa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas, h. 1611. Imágenes del Museo del Prado (Madrid)

Las mujeres y el arte en el siglo XVII

En el siglo XVI existía la convicción generalizada de la simpleza y debilidad del sexo femenino aunque, en épocas posteriores, los llamados humanistas defendieron la igualdad de hombres y de mujeres, pero seguían destacando, por el contrario, la existente división de géneros en la sociedad y en la familia. Erasmo y Luis Vives y otros aconsejaban «educar» a las mujeres para ser única y exclusivamente hijas y esposas sumisas y buenas madres de familia; por tanto, tenían que hablar poco, someterse a las decisiones del marido, salir a la calle lo menos posible y abstenerse de amistades femeninas.

El ambiente de los siglos XVI y XVII no fue propicio para la cultura femenina. Aun así tenemos constancia de mujeres cultas en la España Moderna. La función de la cultura en las mujeres era preferentemente la búsqueda de la honestidad y austeridad. El poder de las mujeres residía en su atractivo; si a ese poder se le añadía el de la cultura podía ser catastrófico y peligroso para la sociedad.

Clara Peeters

Clara Peeters – Bodegón con quesos, almendras y panecillos, h. 1612 – 15, Museo del Prado (Madrid)

Un reducido número de mujeres hicieron frente a todas estas limitaciones y consiguieron convertirse en pintoras. Para Sofonisba Anguissola (1532-1625) fue su condición social lo que le permitió ser artista pero para otras como, Catharina van Hemessen (1527/28-1560), ser hija de un pintor la convirtió  primera mujer artista documentada en Flandes y una de las primeras en Europa. Artemisia Gentileschi, Lavinia Fontana, Fede Galizia, Isabel Sánchez Coello, Levinia Teerlinc y Elena Recco, fueron también hijas de pintores.

En varios cuadros de Clara Peeters vemos autorretratos de la artista reflejados en diferentes objetos. Asimismo, en la hoja de los tres cuchillos de plata aparece escrito su nombre que la artista utiliza a modo de firma. Una forma de más de declaración ante una profesión dominada por hombres.

El arte de Clara Peeters

Los hombres manejaban el mundo del arte, dándoles a las mujeres el papel de modelos para infinidad de obras de arte, representadas desnudas, vestidas, como diosas, vírgenes, campesinas… pero pocas son las podían firmar su obra de arte.  El aprendizaje del dibujo anatómico a partir de modelos vivos, normalmente masculinos y desnudos, a los que las mujeres no tenían acceso, limitaba su producción al género del bodegón o al retrato.

Clara Peeters manifiesta un carácter emprendedor y vanguardista: no solo fue pionera en ilustrar el arte del bodegón, sino que creó un nuevo estilo que insiste en la apariencia real de las cosas. Es así como el realismo se ofrecía como alternativa al idealismo de la tradición renacentista.

Clara Peeters

Clara Peeters – Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, 1611, Museo del Prado (Madrid)

 

Las obras de Clara Peeters son la única fuente de información para descubrir a esta pintora. Trabajó en Amberes y su primera obra fechada es de 1607. Desinteresadamente, Clara convirtió sus cuadros en clases de Historia. Los bodegones muestran la importancia de la comida lista para servir, junto a vajillas y enseres de lujo como un signo de distinción. Porcelanas procedentes de China, copas de cristal veneciano o las copas doradas se usaban para dotar las mesas de suntuosidad.

El trabajo de Peeters también documenta la importancia de la exportación de  los alimentos, animales y flores. Los productos lácteos; el pescado; la sal, muy valiosa en aquella época; los distintos tipos de frutas o el vino procedente de España o de Francia. La selección de animales y objetos como las conchas exóticas marcan el auge del estudio de la naturaleza en Europa durante el Renacimiento.

Clara Peeters

Clara Peeters – Bodegón con cesto de frutas, aves muertas y mono, c. 1615 – 1621. Museo del Prado (Madrid)

La alcachofas y la cerezas, consideradas afrodisíacas, fueron raras hasta la segunda mitad del siglo XVI. El Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, 1611, fue el primero en el que una artista utilizaba el pescado como naturaleza muerta en cuadro, un tema que se haría muy popular. Durante la época, las limitaciones de consumo de carne estaban impuestas por las autoridades eclesiásticas. El consumo de pescado se veía favorecido por los días de ayuno obligatorio impuesto por la Iglesia.

Clara Peeters

Clara Peeters – Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, 1611, Museo del Prado (Madrid)

Las obras de Clara y su estilo sirvieron de referente para muchos artistas, como Jan Brueghel el Viejo, Rubens, Snyders y Van Dyck, además de entender el apogeo en la historia del arte europeo.

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