El filósofo de moda, Byung-Chul Han, ha conquistado al público internacional con obras como La sociedad del cansancio o La agonía del Eros, donde desgrana el culto al rendimiento que tanto asfixia al hombre contemporáneo. Por su parte, la novelista Han Kang triunfa con su obra La vegetariana, donde una mujer decide renunciar a la carne ante el horror de sus seres queridos, que temen que la presión y la ambición de su mundo «la devoren». Ambos autores tienen dos cosas en común: exponen sin tapujos las imperfecciones del estilo de vida contemporáneo y proceden de Corea del Sur.

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Fotografía de Insung Yoon. Wanju-gun, Corea del Sur || Fuente: unsplash.com

El cansancio en Corea

Eclipsada, quizá, por las extravagancias de su hermana del norte, poco se conoce de los entresijos de la vida en Corea del Sur. La población surcoreana lleva a sus espaldas el peso de un vertiginoso crecimiento industrial en los años 50, la sucesión de regímenes dictatoriales que siguió a la guerra con Corea del norte y episodios de violencia militar aún no del todo olvidados. Los valores del confucianismo tradicional, por su parte, aún permean la sociedad surcoreana, donde priman la consecución de la armonía social y el respeto a la familia.

El control ejercido por las instituciones se centra en los centros educativos, que se contemplan como lugares de construcción de grupos sociales compactos y respetuosos con el Estado. La pertenencia a un grupo es esencial: a la familia, a la nación, al sistema de producción. A día de hoy, el confucianismo y la defensa a ultranza del capitalismo se entremezclan, y la empresa es prácticamente uno más de la familia.

Este superrendimiento generalizado ensombrece lo que, por otra parte, parecería una sociedad pujante: Corea del Sur lidera el índice de suicidios de los países de la OCDE desde el año 2003 y el índice de consumo de alcohol en el mundo, de acuerdo con la firma de investigación de mercado Euromonitor. Muchas de las “reuniones de trabajo” se convierten en una sucesión de rondas a cuenta del jefe a las que es imposible decir que no. Y el ciclo se perpetúa. Corea del Sur no es el único país, sin embargo, en el que la salud física y mental de los ciudadanos parece estar reñida con los valores que definen a la sociedad contemporánea.

La vida que no merece ser vivida

La obra más emblemática de Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, expone la dura realidad del culto al rendimiento. Parte de la base de que la libertad para elegir, propia de la ideología neoliberal, esconde una presión por obtener resultados que ya no proviene de un tercero externo, sino del propio trabajador, que persigue el éxito de forma enfermiza. Así, «la explotación de sí mismo es mucho más eficaz que la ajena, porque va unida al sentimiento de libertad». El amo y el esclavo formarían una unidad indivisible y el individuo se vería relegado a vivir la mera vida, una vida apática y gris que no merece ser vivida.

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Fotografía de José Martín || Fuente: unsplash.com

En el infierno de lo igual, el sujeto se imbuye en su propia identidad aislada, «deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo». Presa de un narcisismo cegador, el espejo le devuelve una proyección individualista que elimina al Otro por completo. En este modelo de sociedad, los Otros no existen y, por tanto, no hay ninguna experiencia erótica. El sujeto está completamente solo. Byung-Chul Han ve en el amor, sin embargo, una forma de rescate que irrumpe en la vida del sujeto y le salva de su infierno solitario.

La irrupción del Eros es el cambio definitivo que devuelve la humanidad. Este cambio, sin embargo, puede llegar a adquirir tintes apocalípticos. Así, Byung-Chul Han relaciona esta teoría con la película Melancholia, de Lars Von Trier, cuya protagonista vive sumida en la depresión hasta que una estrella destructora aparece en el cielo. El reconocimiento de las emociones y, por consiguiente, de los Otros, de sus seres queridos, no llega hasta que un cambio de tintes apocalípticos se adueña de su mundo.

«Si no comes carne, todo el mundo te devorará»

Han Kang aborda el modelo social surcoreano con su protagonista, Yeonghye. Su marido, que decidió casarse con ella precisamente porque nunca pensó «que fuera una persona especial», se la encuentra una noche tirando la carne de la nevera. A partir de ese momento, su relación cambia. La mente de Yeonghye parece «una trampa sin fondo» que desconcierta a sus allegados, que entienden que, sin carne, Yeonghye carecerá de la energía necesaria para enfrentarse al mundo.

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Fotografía de Mario Azzi || Fuente: unsplash.com

Su decisión, sin embargo, va más allá de eliminar la carne de su dieta. Yeonghye se repliega en sí misma hasta convertirse en una paria social, sin una comunidad a la que aferrarse en una sociedad en la que pertenecer a un grupo lo es todo. Los esfuerzos de sus seres queridos por mantenerla con vida no terminan de rescatarla de una sensación de asfixia que la acompaña a todas partes. «Nadie puede hacerme respirar», sueña.

Esta decisión de vivir al margen de todo lo que conoce, de desterrar a los Otros de su vida, la convierte también en un ser asexual, en un «cuerpo exento de deseo» que es, paradójicamente, el «bello cuerpo de una mujer joven». Nadie sabe realmente lo que se propone, pero todos están de acuerdo en que lo único que le espera es la muerte. «¿Y por qué no puedo morirme?», pregunta. Nadie se atreve a formular la respuesta.