Utopia: un sitio o estado de las cosas imaginario donde todo es perfecto. El origen etimológico (s. XVI) proviene del griego ou “no” + topos “lugar”. Diccionario Oxford.

En 1516 Sir Thomas More usó por primera vez la palabra “utopía” titulando su obra de filosofía política para imaginar un área, en este caso una isla, sobre la cual el explorador Rafael Hythloday reflexiona al regresar a la sociedad medieval europea. Platón, como comentaba hace unos meses  ya ideó sobre cómo sería la ciudad ideal. Siendo el contrario de las absolutamente imperfectas distopías, cabe destacar que dicho término fue sólo usado en una de las dos partes del libro y More no lo usó como sinónimo de perfección u objetivo inalcanzable. De esta tarea ya se encargaron múltiples autores, entre ellos el director de la serie que se recomienda a continuación: Dennis Kelly (Orphans, Matilda the Musical) en 2013.

utopia

Contenido casi utópico, final distópico

Kelly no consiguió hacer durar dicha serie más de dos temporadas, pero hay que tener en cuenta el mérito de conseguir crear un debate sobre el famoso enésimo y teórico concepto de superpoblación mundial. Si bien autores más conocidos como Dan Brown en su última obra Inferno ya han planteado esta posibilidad, con su intenso estilo de escritura bestseller, Kelly ha conseguido crear una teoría menos improbable en una sociedad contemporánea como la nuestra, con las farmacéuticas y organizaciones secretas moviendo los múltiples hilos de cualquier sistema moderno.

En el argumento de los doce capítulos el espectador se encuentra con un pequeño grupo de variopintos personajes que se encuentran en posesión de la novela gráfica manuscrita “Los experimentos de Utopía” que, quizás hay que reconocer un poco el cliché, es obra de un maníaco depresivo y psicótico. Obviamente, dicho personaje teóricamente predice los peores desastres del siglo. La consecuencia más directa es la persecución de la organización llamada The Network (“La Red”) para evitar que esos desastres predichos se conviertan en realidad, eso sí, con un plan de acción tan preocupante como los que ellos mismos planean evitar.

Channel 4 es un canal británico que puede parecer vivir en la sombra de la BBC, pero al final cuando uno se encuentra con el nombre Black Mirror y dispone de la suerte de haber encontrado  y realizado un check a Southcliffe entre las inacabables listas de series pendientes, puede sentirse cercano al mundo de las series no-estadounidenses. Como en tantos casos cinematográficos también recientes (Son of Saul, Jagten), es inconcebible imaginarse una serie como esta propia del país mega-productor de, sin embargo, míticas series. Hay que adorar Netflix, pero complementarlo con otras producciones europeas.

Un corazón oximorónico

El núcleo de la serie se podría identificar como la razón por la cual existe The Network y empieza la serie: haciendo todo lo que sea necesario para encontrar a Jessica Hyde y el manuscrito que contienen la clave para evitar un ya exponencial crecimiento que sería, en el escenario planteado por Kelly, lo que condenaría a este planeta a su fin. Quizás queda muy típico y tópico. Pero el debate no es si ocurrirá. El debate es, si para evitarlo, hay que usar métodos de la organización que co-protagoniza la serie.

Lo que ocurre en Utopia es que, como tantos otros casos menos importantes para nuestro planeta, el crecimiento exponencial del homo sapiens sapiens llevaría a una demanda de más alimento, una producción de más residuos y una exigencia de más espacio del que el biótopo puede darle o aceptar sin sacrificar el futuro de otras especies que habitan en él. En definitiva, la limitación de los recursos y extinción de otras especies que cohabitan con nuestra especie sea insostenible.

En Utopía el método pasa por, spoiler inevitable, una cierta aniquilación a través de las consecuencias de una vacuna aparentemente benigna para la población. La pregunta que cabe hacerse es si sería lícito querer solucionar dicho problema, para aquellos que estén de acuerdo, capacitados y decididos en solucionarlo, sin pretender que la población mundial lo sepa.

UTOPIA II

Jessica Hyde, Becky, Ian, Wilson, Grant, Michael, Arby, Lee y los demás secundarios traen giros argumentales muy contundentes, capítulos con una intensidad raramente vista y una consecuente necesidad continua de pausas en los mismos capítulos para recapacitar sobre si uno entiende bien lo que plantea la serie de Channel 4 y de qué bando está en cada momento de la serie. No hace falta hablar de la deliciosa banda sonora (nada que pueda esperarse de una serie convencional), las interpretaciones con destacados secundarios como Terrence o Lee y una fotografía en la que el color predomina terriblemente bien.

Hay series que entretienen, y hay otras que, pese a una corta duración y un final digno aún con la cancelación al acecho (adaptaciones para HBO suspendidas in extremis incluidas), plantean un debate y una intensidad dignos de los mejores podios. La cuestión consiste en saber de qué bando estás tú.

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