Aunque cueste creerlo, la industrialización de Estados Unidos resultó más bien tardía. Sería sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX cuando el poderío industrial estadounidense se consolidaría a nivel internacional y experimentaría un brusco crecimiento que, en parte, daría origen a la Guerra Civil que sufrió el país. Las urbes comenzaban a desarrollar potentes industrias de todo tipo contrastando drásticamente con aquellos paisajes reflejados por los pintores de la Escuela del río Hudson. Estados Unidos se transformaba a pasos agigantados.

Pese a ello, y en contra de la dirección que comenzaba a tomar el país, surgieron algunos movimientos que rechazaban la desconexión con la naturaleza y la devaluación espiritual que representaba aquel proceso industrial. De todos ellos, quizá sea el Trascendentalismo el que gozó de una mayor fuerza y proyección, cuya figura por excelencia fue Ralph Waldo Emerson. Su ensayo titulado El Trascendentalista es, sin duda, uno de los textos más importantes de cara a comprender la orientación, influencia y teoría del movimiento en cuestión.

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Ralph Waldo Emerson || Fuente: about.com

Leído en el año 1842 en el Templo Masónico de Boston, Emerson daba a conocer así a la comunidad trascendentalista por exigua que ésta pudiese ser. Como bien dice al principio del texto: “lo que es popularmente llamado Trascendentalismo entre nosotros es Idealismo”. El sempiterno conflicto que data ya del periodo de la Grecia clásica entre materialistas e idealistas tiene su continuación en Estados Unidos a través de este movimiento que se postula a favor de los últimos. El pensamiento, el espíritu y la idea son las únicas fuentes de la Verdad, lo demás resulta vana apariencia.

Raíces diversas

Emerson conocía la filosofía desarrollada por Kant y el Idealismo alemán gracias a Samuel Taylor Coleridge y, sobre todo, a Thomas Carlyle, a quienes conoció durante su primer viaje a Europa en 1832. “El Yo es el molde en el cual el mundo es vertido como cera derretida”, escribe Emerson declarando que el individuo posee la substancia primordial y determinante que hace que todo lo externo no sea sino objeto y construcción que depende de nosotros.

Pero Emerson expone en su ensayo otras influencias a tener en cuenta además de la filosofía kantiana e idealista alemana. El Estoicismo está muy presente en el Trascendentalismo a la hora de afrontar la ética. En su innegable búsqueda de la conexión con el alma de la naturaleza, el pensador sugiere que “de algún modo, si hay algo grandioso y atrevido en el pensamiento o la virtud humana, alguna confianza en lo enorme, lo desconocido; algún presentimiento, alguna extravagancia de fe, el espiritualista lo adopta principalmente en la naturaleza”. Caminar ajeno a ello sólo puede ser fuente de frustración y error.

Trascendentalismo y trascendentalistas

La segunda mitad del ensayo resulta de gran interés también, pues trata de esbozar el perfil de un supuesto trascendentalista. Emerson escribe este texto intentando no implicarse en exceso, como si hablara de terceros en todo momento ocultando que él pertenece a tal comunidad siendo incluso su pastor predilecto. La imagen del trascendentalista que evoca la descripción de las siguientes páginas hace inevitable no pensar en Henry David Thoreau que quizá llevó a la práctica mejor que nadie los principios del Trascendentalismo.

Estudio de Ralph Waldo Emerson trascendentalismo

Estudio de Ralph Waldo Emerson || Fuente: Concord Museum

Personas que se entregan a una vida contemplativa en intensa comunión con la naturaleza y el espíritu, alejados de la sociedad en tanto consideran opresoras e insatisfactorias sus convenciones y labores, ajenos a la ambición y el apego por lo material. Sin duda, para aquel tiempo y país, este modelo de individuo resultaba altamente subversivo e incomprensible. Su distanciamiento casi total de los asuntos que regían el país para no ser “profanados” era motivo de numerosas críticas, situación que lleva a Emerson a intentar acercar a los demás la visión de los trascendentalistas.

A ojos de la gente, la aparente ociosidad de semejantes individuos no resultaba coherente con los tiempos que corrían y no pocos les tacharon de vagos sin tapujos. Emerson intenta persuadir de que es simplemente una cuestión de perspectiva, un trascendentalista no es inactivo, sino que se ocupa de tareas diferentes a las de la mayoría. En su espera contemplativa, aguardan “hasta que el Universo se alce y nos llame para trabajar”.

Chocante entonces y probablemente en estos tiempos frenéticos también, el Trascendentalismo ante todo escondía una crítica hacia la deshumanización y el distanciamiento de la naturaleza y lo espiritual debido a la hegemonía lograda por la economía y la industria. Jamás está de más recordar el Trascendentalismo como un movimiento conformado por individuos que hicieron de “la Belleza el símbolo y la cabeza” de su actitud y perspectiva. Quizás, hoy sea más necesario que nunca.

Imagen de portada: Monte Corcoran, de Albert Bierstadt  || Fuente: Corcoran Gallery of Art
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