Los escritores y periodistas Jorge M. Reverte y Javier Reverte convencieron a su padre para que contara su experiencia en la Guerra Civil y la División Azul y juntos escribieron un libro llamado Soldado de poca Fortuna. El libro se editó en el 2011. Cuenta las aventuras y desventuras de Jesús M. Tessier, que tienen mucho que ver con las aventuras y desventuras de Teodoro Recuero que ahora publica West Indies Publishing Company bajo el título Hasta Nóvgorod: Crónica de un viaje. Y, a la vez, estos dos libros tienen mucho que ver con otro libro muy reciente: El monarca de las sombras, donde el conocido escritor Javier Cercas cuenta la corta vida de un pariente suyo: Manuel Mena, que murió a los 19 años en la Batalla del Ebro luchando como soldado falangista en el bando nacional.

Teodoro Recuero con sus compañeros en el frente ruso.

Teodoro Recuero con sus compañeros en el frente ruso.

¿Están de moda los libros de memorias bélicas? No sé si puedo responder a esta pregunta, pero en mi caso todos y cada uno de estos libros son bienvenidos, y cuántos más mejor. Hemos llegado a un momento en que ya casi no quedan personas que vivieron la Guerra Civil y esto es preocupante porque supone la pérdida de una información de primera mano fundamental e irremplazable. Javier Cercas lo resalta muy bien. Busca testimonios vivos. Personas que puedan contarle cara a cara lo que vieron, lo que sufrieron, lo que pensaron, lo que sintieron.

Le cuesta encontrarlos: ya casi no quedan. Podemos caer en los tópicos por una vez, porque son muy ciertos: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Incluso podemos caer en un tópico más: la historia con mayúsculas difícilmente se entiende sin conocer la historia con minúsculas. Se pueden leer muchos manuales y libros de divulgación o tesis doctorales sobre la Guerra Civil, sobre la División Azul, pero si no se va a las fuentes directas, a la memoria de los soldados que la vivieron, es imposible hacerse una idea relativamente exacta de lo que fue aquello.

«A pesar de combatir en el mismo bando los moros y los legionarios no nos podíamos ver los unos a los otros». Uno piensa en bandos monolíticos, en ejércitos disciplinados y muy fanatizados, con una terrible carga política. Uno tiene una visión muy distorsionada de las guerras, después de tantas películas y novelas y de las frases grandilocuentes de los discursos de los líderes políticos.

Pero aquí no hay nada de eso. Aquí solo está la simple, clara, terrible y lúcida realidad. Una realidad que viene completada con algunos textos explicativos, resaltados en cuadros y no en notas al pie de página, introducidos muy acertadamente por los editores en el texto. Estos párrafos nos ayudan a hacernos una visión general. Pero si algo hay que destacar por encima de todo es la propia memoria del autor. Y su sinceridad…

Certificado del ejército alemán donde se otorga la Cruz de Hierro al soldado Teodoro Recuero Pérez.

Certificado del ejército alemán donde se otorga la Cruz de Hierro al soldado Teodoro Recuero Pérez.

«Mi aventura como voluntario en Rusia no tuvo motivación ideológica, sino económica». ¿Se puede decir más claro? Cuesta entenderlo, por supuesto. Cuesta entender que una persona que ha sobrevivido a una guerra quiera meterse en otra por un simple sueldo, pero fue así, y, desde luego, Teodoro Recuero no fue el único en ir a luchar a Rusia sin ningún afán ideológico, sino por fines prácticos.

Algunos fueron porque estaban en una situación peligrosa (o porque sus familiares directos estaban en una situación peligrosa), porque la represión franquista no les dejaba otra salida, otros fueron por convicción, el simple deseo de aventura llevó a algunos a Rusia. Sin embargo la historia oficial, que durante mucho tiempo se ha filtrado, aunque sea involuntariamente, en el pensamiento colectivo, e incluso ha llegado a contaminar los libros de texto, nos muestra una División Azul muy diferente. El primer valor del libro de Teodoro Recuero Pérez es este: la desmitificación.

Iglesia destruida en Blehite

Iglesia destruida en Belchite (Zaragoza) || Fotografía: Alfonso Vila Francés

El segundo valor de este libro de memorias es la síntesis de hechos e ideas. No es un libro muy largo. Se lee muy fácil. Es muy ameno. Nuestro protagonista repasa toda su vida, centrándose principalmente en la guerra (algo que se echa a faltar en otros libros parecidos), desde su nacimiento hasta su regreso del frente ruso y su difícil reincorporación a la vida civil. Lo cuenta con crudeza, con frialdad, pero no se pierde en detalles innecesarios. Va al grano. Y tiene una capacidad de síntesis que solo da la mucha experiencia en la vida sumada a una gran dosis de sentido común.

Pondré un ejemplo: al igual que Manuel Mena, el familiar de Javier Cercas, la Guerra Civil le pilla en su pueblo natal de la provincia de Cáceres. Vemos lo mismo que se lee en el libro de Cercas: la represión, la violencia, los arrestos y los fusilamientos entre personas que han sido vecinos (y generalmente buenos vecinos) hasta el mismo día anterior a la guerra. Pero si Cercas se centra (y está en su derecho, desde luego), casi exclusivamente en la historia inmediata, en la reconstrucción lo más minuciosa posible de los acontecimientos, Teodoro Recuero, desde su aparente crudeza y frialdad, nos llega al alma con confesiones muy nítidas e irrebatibles que nos muestran, con un fuerte fogonazo de luz, la verdaderas causas de la guerra y la verdadera naturaleza de la guerra:

«Todas las promesas que nos habían hecho en las elecciones del 31, cuando vino la República, quedaron sobre el papel», nos dice. Además, por si no ha quedado suficientemente claro, añade:

«Aquella era una época muy mala para encontrar trabajo. Los padres de familia se las veían y se las deseaban para dar de comer a sus hijos. El aceite era cosa de lujo, a pesar de cosecharse en el pueblo». Y ya está. Se puede leer mucho sobre la pobreza de la España campesina de principios del siglo XX (una pobreza que se viene arrastrando desde siglos y siglos atrás), pero con tres frases cortas ya está todo dicho.

Si a esta pobreza se le suma la actitud de los terratenientes «que preferían dejar las faenas del campo sin hacer» antes que dar el trabajo a jornaleros que votaban los partidos de izquierda, jornaleros que tenían inicialmente una fe absoluta en la República, pero que muy pronto se desencantaron y se radicalizaron. Si a esto se suma también que «no se podía ir tranquilo por la calle» (y no estamos en una gran ciudad, sino en un pequeño pueblo extremeño), ya podemos empezar a entender por qué pasó lo que pasó y por qué nuestro protagonista, siendo de ideas comunistas, se fue que como voluntario falangista en la Guerra Civil (muy distinto del falangista convencido, al menos al principio, de Javier Cercas), simplemente para salvar el pellejo.

«No me quedaba otra solución, o se estaba con los sublevados o en contra», nos confiesa sin pudor alguno Teodoro Recuero. Y es triste. Es muy triste que un país entero se viera en esta situación. Por eso estos libros se tienen que editar. Por eso estos libros se tienen que leer.