Pin-up, del verbo inglés que alude a la acción de “poner, pegar, sujetar”. Sujetar un dobladillo con alfileres. Prender el cabello con horquillas. Decorar camastros y cabinas de aviones militares con imágenes de sugerentes mujeres. Fue así como los soldados estadounidenses acuñaron el término que hoy conocemos. Las chicas de la Segunda Guerra Mundial eran ya mujeres de carne y hueso: Bettie Page, Gypsy Rose Lee o Betty Grable. Atrás quedaban sus antecesoras en papel, las chicas Gibson.

La pun-up americana Bettie Page. Fuente: Weegee (Arthur Fellig)/International Center of Photography).

La pun-up americana Bettie Page. Fuente: Weegee (Arthur Fellig)/International Center of Photography).

Pin-ups en línea

El referente actual más mainstream del género es, sin duda alguna, la estadounidense Dita Von Teese, revitalizadora del burlesque. Sin embargo, en la era de las nuevas tecnologías es imposible mantener el monopolio. Las pin-up actuales tienen inspiración y referentes al alcance del smartphone. Forman comunidades a través de las redes sociales y convierten su estética en negocio. Cuerpos de curvas rotundas se enfundan en atuendos adquiridos en Internet. Es el siglo XXI y las chicas pin-up conocen sus normas a la perfección.

Piernas arribas. Fuente: pinuppassion.com

Piernas arribas. Fuente: pinuppassion.com

Primera parada: Pinterest, directorio de directorios. La mezcolanza de imágenes vintage y modernas y sugerencias de peinados retro, maquillaje o estilo ofrece algo más que inspiración. Una simple búsqueda permite al principiante tomarle el pulso al universo pin-up. No todo son vestidos y bañadores de escote corazón y estética años cincuenta. Los vaqueros y camisas de cuadros propios del rockabilly y el swing se aceptan como look alternativo. Los tatuajes son ocurrencia común frente a la clásica piel inmaculada de porcelana. Persiste como denominador común el zapato de tacón vertiginoso.

Hashtag pin-up

Ya dice el adagio moderno que “Dios les cría e Instagram les junta”. El hashtag pin-up roza los cuatro millones de publicaciones en esta red social e implica toda una comunidad de chicas dispuestas a presumir de figura y modelitos. Antes que para sus fans, lo hacen para sí mismas. Su identidad como pin-ups es parte de perfiles donde se mezclan otras facetas: modelos de tallas grandes, periodistas, profesoras.

Las nuevas sensaciones pin-up. Fuente: @lexylu_pinup, @theblackpinup y @natasha.noir

Las nuevas sensaciones pin-up. Fuente: @lexylu_pinup, @theblackpinup y @natasha.noir

En el universo pin-up moderno caben imágenes fuera del canon establecido. Mujeres como Jenny Rieu, Natasha Noir, Angelique Noire o Ashleeta Beauchamp desafían el primer ideal de la monada blanca y estadounidense. No es únicamente cuestión de razas. El movimiento pin-up se entiende bien con el #bodypositive al compartir la voluptuosidad femenina como reivindicación. Lexy Lu, Sydney Sparkles o The Venomous Pinup tienen legiones de seguidores que desmontan tiranías modernas.

Chicas suicidas

Una comunidad no exenta de controversia con lista de espera para ingresar en ella. Las Suicide Girls cuentan sus admiradores por millones y afirman celebrar la belleza de lo extraño y lo alternativo. Los orígenes de esta web se remontan a 2001, de la mano de Selena Mooney y Sean Suhl. Gran parte de su contenido es de pago y abarca millones de imágenes, perfiles personales, bitácoras, grupos y merchandising.

El logo de las Suicide Girls. Fuente: pinterest

El logo de las Suicide Girls. Fuente: pinterest

El nombre del grupo surgió como homenaje a la novela Superviviente, de Chuck Palahniuk. Alude también al suicidio social de estas mujeres que rechazan las normas sociales y abrazan su propia estética. Pero la polémica se oculta tras los tatuajes, tintes de fantasía y poses provocativas. Acusaciones de censura y cláusulas de exclusividad son solo dos ejemplos. Antiguas modelos han tildado a Suhl de “misógino” y descrito la página web como una ofensa al feminismo.

Empoderamiento discutido

Todo cuanto se formula en clave femenina es susceptible de generar conflicto cuando se contempla bajo la óptica violeta. Nada más lejos de ser una excepción a esta premisa que las pin-up, cuya estética parece hecha para ajustarse a las expectativas masculinas de belleza y placer carnal. La escritora y activista Lachrista Greco disiente en un artículo argumentado a través de Elena Buszek, autora de Pin-Up Grrrls: Feminism, Sexuality, Popular Culture.

Sensualidad sin excusas. Fuente: gilelvgren.com

Sensualidad sin excusas. Fuente: gilelvgren.com

 Greco explica que Buszek se sirvió de la “teoría Monstruo/Belleza” de Joanna Frueh para demostrar cómo la figura de la pin-up, bien entendida, “trastorna los roles culturales y expectativas sociales”. Si se hace entrega del género pin-up a la mujer, en sus manos puede ser tan reivindicativo y feminista como otros: pintura, escultura o pornografía. El error está en conceder propiedad exclusiva de dichas manifestaciones al hombre. Las chicas pin-up reivindican y exaltan su sexualidad, con una dosis de empoderamiento.

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