Josef Koudelka siempre fue un niño inquieto y creativo. Aunque sus estudios de ingeniería aeronáutica no fueron suficientes para calmar su inquietud convertida en curiosidad. La fotografía ha sido la compañera inseparable de este melenudo con barba, que necesitaba unas gafas metálicas para observar bien todo lo que le rodea. Enseguida Praga se le quedó pequeña para un curioso sobre los caprichos de la humanidad. Este nómada universal forma parte la historia de la fotografía.

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Portugal (1976) de Josef Koudelka || Fuente: Flickr

Vivir como un transeúnte por todo el mundo, incluso al borde de la indigencia en ocasiones, sirvió a al fotógrafo para inmortalizar imágenes icónicas del S.XX. Josef no concibió nunca su trabajo sin entender el ambiente que retrata. No hay filtros, no hay trucos. Según sus palabras, «dormir en el suelo no es para hacer buenas fotografías, duermes así porque haces un determinado tipo de fotografía».

Paseando por la vida

Puede ser que el secreto de sus imágenes sea la fuerza del blanco y negro con la que atrae, la esencia de vida que transmiten o la aparente sencillez. Pero también puede ser una vida dedicada íntegramente a la fotografía. Para él, fotografiar era introducirse en el ambiente que va a captar con su máquina como uno más.

La libertad creativa supera lo comercial. Nunca tuvo obligación de aceptar ningún encargo, siempre viajó por donde quiso. Cuando salió de Praga, por ejemplo, estuvo casi dos décadas vagando por el mundo. Sus fotografías no están preparadas ni sujetas a ningún interés de ningún tipo: lo que se ve es real, no hay ningún posado.

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Invasión de Praga (1968) de Josef Koudelka || Fuente: Flickr

Sus primeros trabajos se dedicaron a captar las representaciones teatrales en Praga. También se aprecia, en sus inicios, en sus tímidos primeros viajes por Checoslovaquia, su espíritu de aventurero curioso. A partir de entonces no dejó en ningún momento el blanco y negro.

Proyectos

Sus fotografías más reconocidas internacionalmente quizá sean las que realizó durante la invasión de Praga. Su acercamiento al conflicto con su cámara  de una forma sincera, cercana y sencilla le han puesto en un lugar privilegiado en la prestigiosa agencia fotográfica Magnum.

A partir de entonces decidió exiliarse de su país para convertirse en un hombre sin nacionalidad. Estuvo viviendo con los gitanos retratando su vida. En estas imágenes mostró magistralmente el contexto humano, no el artístico. Esto es lo que hace grande el trabajo de Koudelka, su acercamiento sincero y humilde hacia una comunidad maltratada y marginada.

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Gitanos (1963) de Josef Koudelka || Fuente: Flickr

Su periplo por los más recónditos lugares le llevaron hasta las más variopintas escenas, que llamaría Exilios. Sus imágenes en esta etapa de su vida son personas que aparecen aisladas del mundo. Representan situaciones que se asemejan a su estado psíquico: paisajes desolados, personas desterradas, sin techo, sin identidad, perdidas. Él ve el exilio de dos maneras positivas: «Lo primero es que debes construir tu vida completamente de nuevo, y lo segundo es que si tienes la oportunidad de regresar a tu país lo ves con ojos distintos».

En su acercamiento hacia su patria natal, Koudelka consiguió la nacionalidad francesa y comienza a viajar a Praga. Hay a un cambio radical en su obra. Caos es su proyecto de cambio. Poco amigo de las repeticiones, se plantea partir de cero: «Hay un momento en el que es necesario destruir cuanto uno ha construido». Ahora se centrará en el escenario del drama. El objetivo es, mediante una cámara panorámica, captar una Francia contemporánea, sus gentes, sus paisajes y su arquitectura. Y como no podía ser de otra manera, Josef Koudelka ha vuelto a sorprender.

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