Puede que del Berlín de Nabokov sólo quede una pequeña placa de bronce en la Nestorstraße lejos de los núcleos turísticos de la capital alemana. Una dictadura, una guerra mundial y una guerra fría hicieron el resto para el olvido de la figura del escritor en la ciudad.

La estancia del escritor en la capital marcó su obra en todos los sentidos que se puedan pensar. Los años de residencia en Berlín (1921-1937) fueron los correspondientes a la formación artística del genio ruso. Desde aquí colaboraba en pequeños diarios rusos para sus compatriotas exiliados y escribió sus primeras novelas, como por ejemplo El ojo.

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Lápida de Nabokov || berlin.de

En el prefacio de El ojo el propio Nabokov justifica y habla sobre su evolución estilística y de su vida como exiliado en la ciudad: “Compuse el texto original en 1930, en Berlín —donde mi mujer y yo habíamos alquilado dos habitaciones a una familia alemana en la tranquila Luitpoldstrasse—, y apareció a finales de ese año en la revista de emigrados rusos Sovremennyya Zapiski, de París. La gente de este libro son los personajes favoritos de mi juventud literaria: expatriados rusos que viven en Berlín, París o Londres.”

La nostalgia y la pobreza son temas recurrentes que forman parte de las definiciones  de sus primeros personajes: hombres sin dinero, marginados, abrumados por la inmigración rusa que malviven en hoteles berlineses de mala muerte o de mudanza en mudanza buscándole sentido a sus vidas. De nuevo el protagonista de El ojo es un buen ejemplo: “Conocí a esa mujer, a esa Matilda, durante mi primer otoño de vida de emigrado en Berlín, a principios de los años veinte de dos etapas de tiempo, este siglo y mi asquerosa vida”.

La ciudad en su obra

Berlín era, en los años veinte, la meca de la inmigración rusa tras la Revolución Bolchevique. Este hecho desembocó en una fuerte crisis económica y política que, unido a otros factores, dio origen al ascenso del nazismo en 1933. Al contexto histórico se debe añadir el personal. Vladimir había pasado una de sus épocas más traumáticas tras el asesinato de su padre y la pérdida del poder adquisitivo familiar.

Fuente: Lara Peiró

Berlín || Lara Peiró

El Berlín que refleja en sus primeras obras, sus personajes y las ironías de la vida que les salpican, no son imaginaciones de un escritor emigrado. Son vivencias de un poeta extranjero sin recursos en busca de un Edén particular. Sus primeras narraciones tuvieron en común y como marco de referencia la capital alemana de sus primeros años como emigrante.

Otros autores contemporáneos a él, como Döblin, dieron forma a sus obras con la temática y conflictos políticos de aquella Alemania, como se puede apreciar en la triste vida de Franz Biberkopf  en Berlin Alexanderplatz. El simbolismo innato del autor  unido a su admiración por los vicios modernos de aquellos tiempos se inicia en Berlín.

Este lazo crea un fabulismo narrativo que distorsiona la realidad. Vladimir Nabokov encontró en Berlín no sólo al amor de su vida, si no las bases de su estilo narrativo que culmina en el panorama literario norteamericano como autor consagrado con la novela de Ada o el ardor (1969) o Pálido fuego (1962).

Portada de Lolita || anagrama-ed.es

Una vez superada la barrera del idioma, la riqueza de la literatura alemana también influenció al escritor ruso. En su estancia en Alemania realizó varias traducciones de autores clásicos de la lengua germana. Los autores contemporáneos a él también dejaron huella en la estela literaria de Nabokov. Un ejemplo de ello sería la colección de cuentos llamada  La maldita Gioconda (1916) de Heinz von Lichberg.

Nabokov y las lolitas

Uno de los cuentos alemanes que forman esta obra narra la historia de un poeta alemán que llega a tierras españolas para profundizar en sus estudios. Sin embargo, es seducido por la hija pequeña del dueño del hostal donde se aloja y se rinde a sus encantos. Una narración recatada de una relación sexual consumada entre un adulto y una pequeña niña española que da nombre al cuento de von Lichberg, «Lolita».

Las experiencias de esta ciudad fueron padre y madre de muchas de sus obras, incluida Risa en la oscuridad, relato con autoría de Nabokov en el que con el telón de fondo de Berlín ya se empieza a mascar la trama de amor carnal entre hombres y jóvenes chicas. La capital alemana y sus vicios modernos dieron forma al estilo nabokoviano.

Nabokov y su mujer abandonaron Berlín tras el ascenso de Hitler al poder y París tras la ocupación del ejército Nazi y se asentaron en Norteamérica, donde nació su gran obra,  Lolita. En palabras del autor: «Lolita vibró en mí a finales de 1939 o principios de 1940, en París».

Nabokov

Nabokov

También justifica que la inspiración inicial fue causada por un artículo en la prensa francesa sobre un chimpancé que había dibujado los barrotes de la jaula donde vivía.

En las últimas páginas de dicha obra, el propio autor continúa justificando los procesos creativos haciendo referencia a su juventud en Europa “[…] la fantasía individual resultó ser a los cincuenta años un proceso mucho más difícil que en Europa, durante mi juventud, cuando la retentiva y la receptividad estaban en su apogeo”.

La ciudad, la dramática ciudad, y la cruel historia de sucesivos exilios condenaron a este sublime escritor a ser un genio. Berlín fue para Nabokov lo que Lolita para Humbert Humbert: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía”.

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