El material de la literatura

El material de la literatura debe ser tan verdadero como el de las religiones, tan profano como las guerras y tan hermético como el de las convicciones. Es mucho, ya sé, pero no hay que subestimar al lenguaje y sobre todo a su expresión metafórica. Si quiero escribir debo ser entonces creyente, guerrera y humana.

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Los misterios se hacen carne y de a poco se irán convirtiendo en una herencia pesada. La misión del escritor es no olvidarla. Obviamente no es solo del escritor esta misión, pero como me estoy preguntando sobre este oficio, mi oficio, hablaré de sus deberes y de lo que cuesta e implica asumir la tarea. Hace mucho que deseo escribir, siempre lo he hecho, toda mi vida, pero nunca puedo. Hay algo en el hecho de hacerlo que confunde. Confunden las historias, confunden las poesías, confunden los ensayos. Uno necesita hacer un proceso interno muy riesgoso para animarse a subir a este caballo matrero, pero lo vale porque es en ese lomo donde se explayan los silencios más importantes, los más aterradores y los que se trasmiten desde hace siglos.

Debo mirar de frente esos ojos tan antiguos, sentirme ínfima, querer tocarlo, desearlo, olerlo, rozarlo, intentarlo y que me sea imposible. Estar desnuda esperando placer, abierta, llena de frío y curiosidad. Abrir los ojos y verme sola, tocándome, sentir miedo, mucho. Buscar al caballo y no verlo, solo sentir su olor, solo ver sus huellas. Ese código es el verdadero.literatura escribir

Por dónde tengo que empezar. La palabra de los otros parece ser un buen lugar para cometer asesinatos y suicidios. En el encuentro con los otros debe estar ese silencio bondadoso. Esto no es filantropía, es solo vacío. Es un desierto lleno de pueblo. Así nos miramos nosotros mismos. Las pampas existencialmente llanas, son el corazón de este encuentro peligroso entre la palabra y las profundidades recónditas.

¿Qué raza despierta habita bajo nuestras uñas, nuestros zapatos, nuestras ideas? Buscar las historias en los otros es recrear nuestro desierto, nuestro vacío. Allí veo un lugar fecundo. La psiquis de nuestra memoria tan invisible como recreada. La literatura es quien debe embarrarse de toda esa nada. De ahí que el escritor debe saber escribir lo dicho y respetar lo no dicho para lograr el movimiento silencioso de nosotros mismos.

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