Cuando uno empieza a ver la serie Master of None, de Netflix, cree que está frente a una sitcom. Nada que objetar, por otra parte. La televisión americana nos ha regalado comedias de situación de gran calidad a lo largo de los años, desde Cheers en los ochenta hasta The Office en los 2000. Y todo ello sin olvidar posiblemente la mejor de todas, Seinfeld, en los primeros noventa.

Pero la serie creada, escrita y protagonizada por el cómico americano de origen hindú Aziz Ansari es más. Mucho más. Y eso que en principio recuerda mucho a dos de las grandes, como la mencionada Seinfeld y su prima hermana Larry David. Es decir, se trata de una serie con claros tintes autobiográficos sobre un aspirante a actor y sus amigos en Nueva York dotada de un sentido del humor un tanto incómodo. De ahí que el terreno para las odiosas comparaciones estuviera abonado.

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Aziz Ansari, creador de Master of None || Fuente: Flickr.com

Y, pese a todo, Master of None sale indemne. Porque, a los tres minutos de ver el primer capítulo, uno ve que es una sitcom, pero poco. El espectador es sorprendido por el estilo de la serie, cinematográfico y con muchas escenas en exteriores, más propio de una serie de una hora que de una comedia de media. Porque esa es otra. El producto de Netflix, por el propio concepto de la web, no está constreñido por los formatos. No tiene por qué durar los 22 minutos que mandan los cánones.  

Una primera temporada de calidad humana

Otra cualidad que diferencia esta primera temporada de otras series es su número de capítulos, diez, y la forma de estructurarlos. Porque cada uno de ellos es un monográfico que explica un aspecto de la vida del alter ego de Ansari. Pueden ser las relaciones con sus padres, el que a los actores hindús siempre les ofrezcan el mismo tipo de papeles o la gente mayor. Sí, la «gente mayor». Así, en general.

Sin embargo, esta primera tanda de capítulos no deja de ser un ejemplo de comedia con estilo y buena calidad, pero no mucho más. Por mucho que haya capítulos realmente imaginativos en su estructura, como el que transcurre en Nashville o en el que Ansari narra la relación con su pareja a través de reflejar distintas mañanas en común. Nada que rompa moldes, la verdad.

Pero es en la segunda temporada cuando todo el arte que Ansari lleva dentro explota. Cada uno de sus diez capítulos son, en sí mismos, gemas de la televisión. Y casi del cine. En todos ellos, muchos dirigidos por el propio Ansari,  se nos descubre una nueva arma, ya sea estilística o argumental, para descubrir que la tele cuando está bien hecha, merece la pena.

Por ejemplo, los dos capítulos iniciales en Italia. El primero, en blanco y negro, un indisimulado, e inopinado para un creador de su edad, homenaje al clásico Ladrón de Bicicletas (1948) de Vittorio De Sica. Y rodado casi en su totalidad en italiano. O el cuarto, en el que cuenta cuatro citas diferentes en Tinder con cuatro mujeres distintas. Todas con sus puntos altos y bajos, reales como la vida.

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Una muestra de la excelencia formal de la segunda temporada de Master of None || Fuente: Youtube

Como también es la vida el larguísimo plano secuencia de cinco minutos en un taxi al final del quinto episodio. Primero despidiéndose de una forma un tanto violenta de su interés amoroso. Y luego, en un alarde interpretativo sin precedentes, haciendo todo el camino de vuelta lamentándose en silencio por la oportunidad perdida. En esos cinco minutos se encierra más arte que en toda la filmografía de Michael Bay.

Y sigue dando Ansari motivos para maravillarnos. En el sexto capítulo traza una trama de historias cruzadas en Nueva York en el que los protagonistas ¡no aparecen en todo el capítulo! Sólo al principio y al final. Entre esas historias hay una con protagonistas sordos en la que durante ocho minutos seguidos la pantalla no emite ningún sonido. Y mantiene el interés. Cosas de genios. Y en el octavo episodio cuenta la historia de su mejor amiga y la relación de esta con su familia a través de sucesivas cenas de Acción de Gracias. Por no hablar de la maravilla formal y estética de los últimos dos episodios.

En definitiva, que los amantes de la televisión, y cualquier ciudadano sensato, nos estamos relamiendo ante la expectativa de la siguiente temporada. Lo malo es que parece que va a tardar.