Camille, una adolescente pelirroja, prepara un sándwich, mientras excusa su hora de llegada en la confusa situación que acaba de vivir. Ha aparecido desorientada y sin móvil en mitad de las montañas. Su madre, incapaz de asimilar este arrebatado parloteo, avanza rígida y sin aliento hacia la joven, fallecida cuatro años atrás.

Claire, madre de Camille, se reencuentra con su hija. || Fuente: elaboración propia

Claire, madre de Camille, se reencuentra con su hija. || Fuente: elaboración propia

La vuelta de Camille coincide con la de otros difuntos. Ninguno recuerda su muerte y lo único que parecen tener en común es el pequeño pueblo de los Alpes franceses donde vivían. De esta forma, comienza Les Revenants (Fabrice Gobert) una serie de Canal + Francia, estrenada en 2012, con una segunda temporada en 2015.

Muertos que sienten

Considerando la actual referencia del género, resultaría un escarnio etiquetarla como una serie de zombis. Por supuesto, no hay persecuciones de descarnados seres mononeuronales, ni exóticos personajes con armas anticuadas. Los resucitados son protagonistas y no un mero artefacto trágico. Y como tal, la expresión muerto viviente es la que mejor define su estado.

Les Revenants es un drama dotado de una excelente narrativa que aprovecha el pasado, con flashbacks a la altura de los que popularizó Perdidos. Confesaba Emmanuel Carrère, en el prólogo de su último libro (El Reino, 2015) haberse sentido como el quinto Beatle, cuando vio que la serie comenzaba a rodarse. El escritor francés había participado en el guión de la primera temporada, y decía encontrarse ante el proyecto con más potencial narrativo que le hubieran propuesto. Aunque, tal entusiasmo pronto devino en hartazgo por la estrecha supervisión de la productora, y se largó a los cuatro meses.

Una de las potencialidades que fascinaba al autor de Limónov, era la profundidad emocional de las historias entre los resucitados y sus familiares. Quizás, el puntal de la serie.

La serie homenajea a Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008) || Fuente: elpais.com

La serie homenajea a Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008) || Fuente: elpais.com

Además del guión, todo está cuidado. La localización y simbolismos hacen pensar en Twin Peaks, rehuyendo siempre cualquier histrionismo de Lynch y sucesores. Sin embargo, la principal influencia visual es la gélida Déjame entrar. Junto a su palidez, la serie está llena de gestos y escenas calcados de la cinta sueca. Por último, la tranquila banda sonora de Mogwai consigue descender unos grados más la atmósfera de la serie, hasta erizar por momentos la nuca del espectador.

En la segunda temporada, la serie parece perder el rumbo y en ocasiones se hace larga, pero sobrevive con un digno final. Los que disfrutaron con Les Revenants, rezarán para que los productores no la desentierren. Solo así conservará el estatus de muerta viviente, es decir, con personalidad, sensible, e incluso, inteligente. Y evitarán verla transformada en una zombi hambrienta que vaga sin solución de continuidad.

La fotografía es uno de los aspectos más cuidados de la serie || Fuente: silenzine.com

La fotografía es uno de los aspectos más cuidados de la serie || Fuente: silenzine.com

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