Land Art: Esculpiendo el paisaje

El ser humano siempre ha intentado adueñarse del territorio, hacerlo suyo. Mediante intervenciones en colinas u otros emplazamientos estratégicos las diferentes civilizaciones han tratado de dejar su huella en el paisaje. Muchos años después surge un movimiento artístico relacionado con esta idea, no propiamente arquitectónico, sino también ligado a la escultura y paisaje. El land art tiene sus orígenes entre Estados Unidos e Inglaterra a principios de los años 60, con una extensión al resto de Europa unos años después de su popularización. Las características principales de las obras de este movimiento están relacionadas con la forma y el significado. Formalmente, son trabajos de una escala enorme, territorial. Semánticamente todos ellos están íntimamente relacionados con el entorno en el que están emplazados.

Las obras que relacionamos con esta actividad artística, se caracterizan no solo por utilizar el entorno natural como un escenario sino por, en cierto modo, alterarlo. En la mayoría de los casos son obras de tamaño muy monumental, por lo que la ejecución es una parte crucial del proceso. Es aquí cuando se introduce otro concepto importante: el de la temporalidad. Al tener un tamaño desmesurado, muchas veces es necesario el uso de maquinaria industrial para ejecutar las obras, además de necesitar bastante tiempo.

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Broken circle (1971), Robert Smithson

La idea de efimeridad también está presente, estos artistas han expuesto en diferentes centros de arte contemporáneo y salas de exposiciones del planeta, sin embargo las más impresionantes han sido al aire libre. La ejecución de estas obras en entornos abiertos hace que su exposición a las inclemencias climáticas terminen por desgastarlas y destruirlas. Es por eso que la mayoría de éstas que se ejecutaron al aire libre en la década de 1960-1970 no son posibles verlas ya, sólo quedando plasmada su existencia a través de fotografías.

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Annual rings (1968), Dennis Oppenheim

La perdurabilidad es un aspecto importante en las obras de land art, estando ligada al comportamiento y a la evolución de estos elementos ante los fenómenos climáticos, cuestión que también interesó a distintos artistas. Mediante el criterio de materiales, durabilidad e impacto físico de la intervención también podríamos hacer una clasificación de las distintas obras.

A pesar de esta forma de englobar, distinguimos que además de la finalidad, el método de realización de la obra es diferente en cada caso, y viene determinado por la idea que el artista quiere materializar. Es por ello que en estas obras podemos distinguir entre el empleo de materiales de la naturaleza y el uso de materiales industriales u obtenidos mediante un proceso industrial. El uso de materiales de la propia naturaleza e incluso la inmaterialidad al utilizar el paisaje en sí mismo, para que formen parte de la obra, determina una diferente durabilidad respecto a cuando se incorporan materiales de un origen industrial.

Desde el punto de vista de la forma, este tipo de artistas tienden a utilizar formas regulares, una geometría rotunda y reconocible por todos. Sin embargo, en ocasiones, las formas se limitan a las propias de la naturaleza, es decir, de los materiales que se están utilizando y no se manipulan en gran medida.

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Spiral jetty (1970), Robert Smithson

Como precursores y pioneros del land art podemos nombrar a varios artistas, como por ejemplo Michael Heizer, Walter de Maria, Dennis Oppenheim, Robert Smithson, Robert Morris… sin embargo, en este texto hablaremos de los dos primeros, dos artistas importantísimos en su género y a su vez bastante distintos entre ellos.

Walter De Maria fue un artista y escultor estadounidense, asentado en Nueva York, que surgió como figura pionera en el desarrollo del Land Art. Exhibió muy poco en Estados Unidos, sin embargo, dejó algunas obras ampliamente reconocidas por la crítica: Mile Long Drawing, The Lightning Field, The New York Earth Room y The Broken Kilometer, entre otros.

Su obra mejor reconocida por el público general es «The lightning field». Lo que realiza de Maria es colocar unos postes de acero en el desierto de Nuevo México, formando una cuadrícula de una milla por un kilómetro. En cuanto hay tormenta, los postes actúan como pararrayos, creando un paisaje espectacular que mezcla el propio entorno con la luz y el sonido.

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The lightning field (1977), Walter de Maria

Michael Heizer es otro artista estadounidense comprometido desde el principio con este movimiento. Empezó realizando a principios de la década de 1960 esculturas y pinturas de pequeña escala, bastante convencionales por otro lado. A finales de esta década ya se interesó por la escultura a gran escala, y creó «North, east, south, west», consistente en crear varios huecos en el terreno en la zona natural de Sierra Nevada, California.

Esta primera etapa de trabajo a gran escala de Michael Heizer se conoce como «Escultura negativa». El artista siempre proyecta manteniendo inamovible la idea de que la escultura tiene que respetar y estar en consonancia con la atmósfera que le rodea.

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Dissipate (#8) (1968), Michael Heizer

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Isolated mass/circumflex (#2) (1968-1972), Michael Heizer

Después de esta etapa viene su escultura monolítica. La más conocida es «Levitated Mass», y se convirtió en un fenómeno de masas. La escultura consta únicamente de una trinchera de hormigón armado sobre la que se suspende una gigantesca roca de más de 300 toneladas. Solamente el transporte de esta roca tardó doce días, y la gente se amontonaba en las ciudades para ver pasar al enorme camión con la roca en dirección a Los Angeles County Museum of Art, donde actualmente sigue expuesta la obra.

“Es interesante construir una escultura que intenta crear una atmósfera de asombro. Pequeños trabajos también pueden lograrlo, pero esa no es mi experiencia. Inmensas, arquitectónicamente grandes esculturas, ambos como objeto y atmósfera.” (Michael Heizer, 1984)