Lunes 18 de diciembre de 2017, Gangnam, Seúl. En un apartamento del exclusivo barrio de la capital surcoreana yace, solo e inconsciente, un hombre joven. Envuelto en los gases tóxicos de unas briquetas de carbón, tras alarmar a su hermana con sus últimos mensajes. La policía no llega a tiempo de evitar una tragedia, por lo demás, desgraciadamente común en el país asiático. Más aún que el método elegido por Kim Jong-Hyun, estrella de la agrupación masculina SHINee, para acabar con todo. Sus legiones de fans, mayoritariamente femeninas y conocidas como shawols, no quieren creer los rumores.

K-pop

Jonghyun, el ídolo K-pop consumido por la fama || Fuente: Youtube

Cuando SM Entertainment, agencia representante del grupo, confirma lo peor, las reacciones no se hacen esperar. Es el cajón de sastre de las redes sociales, donde lo mejor, lo peor y lo bizarro se amalgaman. Está el luto de los fans, agudo y sentido. Extraño, para quienes son ajenos al mundillo. Algunos eligen burlarse, prefiriendo ignorar de plano el hecho de que la cultura popular no empieza ni acaba en Occidente. Otros se asoman, con curiosidad morbosa, a un género que trasciende las fronteras de la música y mueve millones. Es el universo del K-pop, donde las estrellas brillan a plena potencia. Hasta que se apagan.

El K-pop como parte del hallyu, la ola surcoreana

El significado literal del neologismo hallyu (한류) es «la corriente de Corea». Ese es exactamente el patrón de popularidad que ha experimentado la cultura surcoreana desde principios de los 90.

Al principio fue un fenómeno estrictamente regional, como explica Dwayne Dixon en el artículo Youth Consumption of Korean Idol Culture. Su primera parada fue Japón, donde una audiencia femenina, casada y de mediana edad, consumía asiduamente series y telenovelas surcoreanas. De tierras niponas pasó a China continental, Hong Kong y Taiwán, llegando a países como Tailandia, Filipinas, Indonesia o Vietnam. Ya entonces se apreciaba un corte similar en las tramas y personajes. Historias homogéneas que triunfaban en el continente asiático al integrar «los valores familiares y patriarcales del confucianismo» desde ojos femeninos.

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«Winter Sonata», éxito de los primeros tiempos del K-drama || Fuente: Youtube

También el pop surcoreano o K-pop siguió desde el principio ciertas características. Melodías pegadizas, ligeras y, al menos hasta cierto punto, igualmente uniformes. Como mínimo, puede decirse que el género es inconfundible. En ello, al fin y al cabo, no difería mucho de fenómenos musicales homólogos en la región tales como el Cantopop. El K-pop, sin embargo, comenzó su verdadero desarrollo a principios de los 2000. El crecimiento imparable de Internet y las redes sociales lo pusieron a disposición de quienes mejor manejan la red: los jóvenes.

El fenómeno mundial del hallyu como la credencial más conocida de Corea del Sur en el extranjero es innegable. Sobre todo desde la entrada del siglo XXI, con el gradual desarrollo económico y creciente importancia del país. Consciente de ello, el Gobierno surcoreano ha apoyado mediante subsidios y fondos económicos a la industria creativa y de ocio nacional. En esta escena transformadora de la cultura contemporánea, la industria audiovisual y el fenómeno fan, el K-pop continúa siendo protagonista.

Orígenes y desarrollo del K-pop

En 2015, la Korea Foundation calculaba un total de 35 millones de fans del K-pop a nivel mundial. Eran estimaciones prudentes sobre la inmensa popularidad de un género híbrido. Una infinidad de estilos occidentales pasan por el filtro único de la cultura originaria del K-pop. Música experimental, electrónica, jazz, reggae, folk, hip hop o R&B son solo los ejemplos más inmediatos.

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El grupo Infinite, al rescate de los fans en «Back» || Fuente: Youtube

Comenzaron explorándolos grupos como Seo Taiji & Boys (1992-1996), cosechando ya el éxito y cambiando para siempre la industria musical surcoreana. Su secreto radicaba no solo en el crisol de géneros, sino también en la introducción del inglés en las letras. A medida que las melodías de Seo Taiji se contagiaban al extranjero, se asentaban las bases del K-pop moderno. Su popularidad les serviría para algo más que para vender discos. Seo Taiji & Boys acabaron con la censura y la hegemonía de los canales de televisión sobre la industria musical surcoreanas.

Otros muchos tomarían su relevo, con mayor o menor éxito pero en un caudal irrefrenable. H.O.T. (1996-2001) logró pasar a la historia como la primera boy band del K-pop. Fueron los precursores del marcado componente de idolatría dentro de la industria, con récords de 12 millones de discos vendidos. Sus integrantes, apenas adolescentes al formarse la banda, abrieron el género definitivamente a esa demográfica juvenil.

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Las chicas de Twice en «Likey» || Fuente: Youtube

A partir de ese momento, la lista sería cada vez más variopinta, incluyendo también a formaciones femeninas. SES, Twice, BoA, Infinite, f(x), Apink, 2NE1, BTS, T-ara, Big Bang, KARA, TVXQ, Shinhwa, Super Junior o EXO son algunos de los grupos que han copado las ventas en esta década. SHINee también figura en este top dorado.

Las productoras, guardianas de las llaves del éxito del K-pop

Los críticos del K-pop manifiestan que su valor musical se ve limitado por unas exigencias predeterminadas de estilo, popularidad y desarrollo. Lo cierto es que cada grupo es un producto cuidadosamente fabricado para el éxito. Su debut marca la culminación de un intenso período formativo: baile, música, interpretación e incluso lenguas extranjeras.

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Los EXO-CBS, primera sub-unidad del grupo EXO, en «Hey Mama!» || Fuente: Youtube

La industria capitaliza al máximo a jóvenes promesas atadas por contratos a menudo extremadamente estrictos. Cada estrella es una inversión que debe protegerse de todo peligro. De ellos se espera comportamiento modélico, ética de trabajo y sacrificio. En lo profesional, en lo personal, en la apariencia física, moldeada a base de dietas e incluso cirugía estética.

El modus operandi resulta, evidentemente, rentable para la industria. Si existe un sinfín de agrupaciones musicales, son también innumerables las compañías que las gestionan. Tres lograron coronarse sobre otras: YG Entertainment, JYP Entertainment o SM Entertainment. La primera afirma centrarse en la libertad artística y la integridad musical. JYP Entertainment blinda el talento de sus estrellas con el énfasis en el look. SM Entertainment es famosa por sus contratos esclavos, idéntica obsesión por la imagen y papel clave dentro del fenómeno hallyu. Responsables de SHINee, no han faltado quienes recordaban todo ello al intentar explicar estos días el triste final de Jonghyun.

Una industria asfixiante

La maquinaria depende de múltiples engranajes para funcionar, y los fans son indispensables para mantenerla bien engrasada. Su inversión en las estrellas que la industria cincela cuidadosamente para ellos dista mucho de ser solo económica. Cada grupo tiene un «concepto» asociado pero cambiante en cada comeback o regreso al candelero cada ciertos años, meses o semanas. Cada banda recibe una promoción multitudinaria que respalda su debut y da alas a su carrera.

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El grupo BTS en su videoclip «DNA» || Fuente: Youtube

El mundillo abunda en términos difíciles de interpretar para el profano. Bias, la predisposición abierta del fan por un ídolo concreto. Esta predilección puede ser exclusiva o compartir espacio con otras tantas. Si otro ídolo dentro del grupo comienza a atraer la atención del fan cada vez más, puede amenazar esa primera adoración. Un all-kill es el éxito absoluto de una determinada canción en todas las listas. Los antis son fans cuyo bias les agrupa contra otro ídolo que entienden como rival.

El fenómeno fan es difícil de entender para quien no pertenezca a él. Internet y las redes sociales actúan como punto de encuentro mundial para interactuar con los ídolos y apoyarles a través de encuestas, hashtags y actividad entusiasta. Fanservice y amistades platónicas y cuasi románticas entre los ídolos cimentan la implicación emocional de los fans en K-dramas y reality shows. En todo ello, por otra parte, es forzoso destacar la creación de comunidades. Con su apoyo y admiración, por rayana en la idolatría que parezca, el fan pertenece a un grupo. Sobre él se forjan relaciones e identidades en línea y en tiempo real.

La cara oscura de la fama

Al menos en teoría, Kim Jong-hyun había conquistado el éxito. SHINee había mantenido su trayectoria desde sus inicios en 2008. Él, además, parecía haber logrado un grado de libertad reservado a las mayores estrellas. Había desarrollado una carrera como solista. A pesar de su fama, expresaba su opinión sobre la política educativa surcoreana o los derechos del colectivo LGBT. Impecable y profesional sobre el escenario, fuera de él tenía fama de ser más bien reservado, siempre cortés y definitivamente maduro.

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La oscuridad tras la sonrisa del ídolo || Fuente: Youtube

Al final, sin embargo, fue demasiado. Poco antes de su suicidio encomendó su despedida a Nine9, su amiga e integrante de Dear Cloud. En la carta, Jonghyun mencionaba la depresión que le había devorado. Deseaba escapar de una vida que, en retrospectiva, consideraba que nunca debería haber vivido bajo la mirada pública. Al hacerlo, dejó atrás a su familia, a sus compañeros de grupo y de la industria y a sus fans. Todos han incluido en sus tributos una referencia a su última petición en los mensajes a su hermana. «Dime que lo hice bien».