Jose Luis Garci no es solamente un cinéfilo empedernido que aparecía fumando y hablando de cine antiguo junto a sus colegas en La2 en el añorado ¡Qué grande es el cine! Y no era únicamente la excepción que hacía Aznar con el cine patrio, dignándole con su presencia en sus estrenos. Es mucho más que eso.

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Garci y sus amigotes filosofando sobre el cine, y la vida, en ¡Qué grande es el cine! || Fuente: Youtube

Hablar de Garci es hablar de un director de cine bastante potente. Limitado, como solía decir acerca de sí mismo, pero con algunas obras remarcables. Sobre todo en su primera época, la que va desde Asignatura pendiente (1977)  a Asignatura aprobada (1987). Además, dejando aparte de sus evidentes virtudes —y defectos— como creador, tiene una de las trayectorias más curiosas del cine español. Se podría decir que su época de juventud es la del Garci contemporáneo, mientras que su madurez es la del Garci pretérito, siguiendo una «evolución involutiva», valga el juego de palabras.

1977-1987: el Garci contemporáneo

Siendo un crítico y guionista reconocido —solo hay que ver su guion para La cabina (1972), glorioso mediometraje de Antonio Mercero—  en 1977 dio el salto a la dirección con Asignatura pendiente. Este trabajo y el siguiente, Solos en la madrugada (1978) marcan las pautas de lo que sería la temática de sus primeras películas. Rabiosamente pegadas a la actualidad. Tratando de los temas que le importaban a la sociedad española de finales de los 70, como la Transición y la incipiente democracia que nacía en el país, con su consiguiente liberalización de costumbres, entre ellas las sexuales y familiares.

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Sacristán intenta despertar al españolito medio de finales de los 70 en Solos en la madrugada || Fuente: Youtube

Sus siguientes filmes siguieron hablando de temas parecidos. Como la maravillosa Las verdes praderas (1979), en la que habla de la nueva clase media acomodada que había surgido en España. Y la decepción que les supuso que no se cumpliera nada de lo que les habían prometido si trabajaban como burros en aras de un futuro mejor, como bien refleja en el estremecedor monólogo final Alfredo Landa. O la vuelta del exilio en su oscarizada Volver a empezar (1982), que reúne muchos de sus temas y lugares preferidos: la nostalgia por el amor perdido, Gijón y su Sporting, el mar…

Pero todas las obras de su primera época reúnen una característica común. Hablan del presente, de la sociedad de los ochenta, de las preocupaciones del hombre corriente. A excepción de El crack (1981) que fue su aproximación exitosa, tanto en crítica como en público, al cine de género, si bien tratado desde una perspectiva actual.

Y en 1987, cierra el círculo con Asignatura aprobada. Y, viendo la película, se puede ver que es intencionado. Por ejemplo, el titulo no viene demasiado a cuento con el tema tratado. Y acaba con un significativo fundido a negro y una bajada de telón. Parece que hubiera comprendido que su papel como cronista de la Transición había acabado.

1994-2012: el Garci pretérito

A partir de ahí, algo cambió en Garci. Hizo un paréntesis de dirigir cine y volvió en 1994 con Canción de Cuna. A partir de ahí todos sus filmes siguieron el mismo patrón. Adaptaciones literarias o teatrales —todos los anteriores guiones, menos el de Volver a Empezarhabían sido originales— que hablan de épocas pasadas. Películas en las que la fotografía, el vestuario y el modo un tanto acartonado de dirigir indican que Garci se había alejado del mundo real y de la vanguardia cinematográfica.

Hay que dejar claro, no obstante, que esta segunda etapa de su filmografía tiene trabajos más que aceptables. Sin ir más lejos, la propia Canción de cuna. Y con El Abuelo (1998) logró un clásico del cine español, ayudado por su nueva nominación al Óscar y el milagro interpretativo de Fernan-Gómez, aunque hiciera de sí mismo. E Historia de un beso (2002) y Tiovivo c.1950 (2004) son muy dignas. Pero podemos hablar de una lenta decadencia en su cine hasta la ridícula, tanto argumental como cinematográficamente, Holmes & Watson. Madrid days (2012),  que marcó su despedida del cine.

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Historia de un beso, o el Garci más engolado || Fuente: Youtube

Garci nunca ha hablado del porqué de esta regresión en la temática y ambientación de su cine. Tal vez, como se ha apuntado antes, creyó que su labor como cronista de la Transición estaba acabada, y se dedicó a hacer lo que le apetecía.

O puede que sus primeras obras fuesen todo lo que este injustamente vilipendiado director nos tenía que ofrecer. Que no es poco.

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