Si algo dejó claro Fargo en su primera temporada fue la capacidad de generar a partir de un universo ficcional conocido, el creado por el film homónimo de los hermanos Coen en 1996, una identidad propia como obra serial.

En esa búsqueda de autonomía creativa se sitúa Fargo II (Noah Hawley, FX, 2015) que pretende no solo desligarse de la marca fílmica, sino también emanciparse de la primera temporada. Nueva trama, nuevos personajes, nuevos espacios.

Solverson 1

La historia se sitúa en la matanza de Sioux Falls de 1979, enunciada por Lou Solverson en la primera temporada, principal nexo entre ambas entregas. Una ficticia oleada de crímenes que resitúa en el contexto moderno el genocidio real sufrido por los indígenas de Wounded Knee en 1890. El primer episodio recrea un supuesto rodaje cinematográfico de aquella masacre (con el actor Ronald Reagan, “futuro” presidente de los EE.UU, como protagonista), premonición de aquello que los espectadores están a punto de contemplar en el marco de los años 70.

Losers coenianos

Al igual que Bemidji en Fargo I, Sioux Falls dibuja un paisaje físico tan frío como los personajes que lo pueblan. La aparición azarosa de la violencia, convirtiendo una sosegada comunidad rural en un sangriento campo de batalla, no tardará en implicar a los tipos aparentemente menos preparados para la contienda. El duelo coeniano por excelencia, librado entre amateurs y profesionales del crimen, trasladará la posible épica del enfrentamiento al territorio de lo absurdo y la tragedia hacia su tratamiento más paródico.

Pero si en los Coen se evidencia la torpeza de los menos hábiles para el acto delictivo, el sedimento episódico admitirá una transformación que miserabiliza a estos personajes, cada vez más conscientes de sus condiciones para el crimen.

Blomquist

Es el caso del matrimonio made in USA que representan Ed Blomquist (Jesse Plemons) y Peggy Blomquist (Kirsten Dunst). Un desafortunado accidente inmiscuye a Ed y Peggy en la guerra entre mafias que enfrenta a la familia Gerhardt y la organización de Kansas City.

Gracias al azar de los acontecimientos, los amantes lograrán huir del peligro, pero también de sus propias garantías de seguridad. Como Lester Nygaard en la primera temporada, los Blomquist unen torpeza, improvisación y mezquindad. Combo perfecto para la aparición de la fatalidad como desenlace final.

Grupos mafiosos vs. lobos solitarios

Al contrario que los losers coenianos transformados bajo el filtro de la serialidad, el paso de los capítulos desestabilizará a los expertos criminales, abocados al desorden y la traición mutua una vez se han perdido los “viejos valores” del gansterismo. El carácter coral de la mafia se diluye y con ello, surgen personajes que trazan un rumbo propio, forjando una sólida identidad como villanos solitarios.

Gerhardt 1

Se entiende así la acción individual del indio Hanzee Dent (Zahn McClarnon), matón de los Gerhardt, cuando comienza a tomar consciencia de la discriminación racial a la que ha sido sometido en el seno de esa familia. O en el sentido inverso, la aparición del mercenario de Kansas City, Mike Milligan (Bokeem Woodbine), una especie de figura pop del crimen con unas dotes inusuales para la oratoria, cercano a las dosis de intelectualidad bañadas en sangre de Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) en Pulp Fiction.

Hanzee y Mike evidencian, en el ámbito mafioso, el conflicto entre individualismo y colectividad, metáfora perfecta del viraje de la sociedad norteamericana hacia el neoliberalismo a finales de los años 70.

El peso de los ’70

El contexto histórico y sus conflictos subyacen durante toda la trama. La violencia exacerbada se presenta como una consecuencia del trauma posbélico sufrido por los veteranos de la Guerra de Vietnam, conflicto que evidenció las vulnerabilidades de Estados Unidos como nación. El racismo florece todavía como un mal endémico en la América Profunda. El machismo continúa instalado en todos los ámbitos sociales frente a una lucha feminista todavía en etapa embrionaria, ya sea desde la sociedad mafiosa o civil.

Y entre músicas pop y pantallas partidas setenteras con posibilidad de crear escuela en la futura serialidad televisiva, Fargo nos obliga a mirar los cielos, no sea que la solución a tanta muerte y destrucción provenga de otros mundos.

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