Lo reconozco, tenía ganas de tener en frente a mi entrevistado de hoy. Es un tipo que con su música me ha acompañado personalmente, como a tanta otra gente, a lo largo de años que superan los dos dígitos. Francis Díez es de esas personas que uno ve sobre el escenario con Doctor Deseo y piensa “no hay otro como él”.

Es una de esas personas que conectan perfectamente la unión de música con espectáculo sin olvidarse de la conexión con el público, notable cuando se baja del escenario para cantar cara a cara con sus seguidores, cuando se columpia de un trapecio para comenzar un concierto, o se cuelga de las vallas del teatro Arriaga bilbaíno, cuna del nacimiento del grupo.

Nos reunimos cámara en mano, con amenaza de lluvia en el horizonte, con la grabadora lista, en una cafetería céntrica madrileña y empezamos a hablar con él sobre diversos temas.

Vuestro último disco hasta la fecha se titula La fuerza de la fragilidad, palabras ante el espejo. ¿dónde reside la fuerza de la fragilidad en el individuo?

En realidad, por matizar, el último trabajo se llama La fuerza de la fragilidady el libro que lo acompaña con todas las letras de las canciones de Doctor Deseo y un diseño impecable por partes de Lourdes Merino a modo de poemario de 200 hojas, se llama Palabras ante el espejo.

El título del disco surge de la segunda canción titulada ‘Adiós’, una canción para bailarla agarrado, un vals, que está dedicada a la muerte de mi padre. De la consciencia de que se nos van a morir los seres queridos, de enfrentarnos a la muerte como especie, surge una frase que dice “asustados y pequeños, buscando luces en la noche, fuerza en la fragilidad”. Es de ahí de donde debemos extraer la fuerza. Es de ahí de donde surge una fuerza que es mucho más empática con el dolor ajeno, una fuerza que prima la colaboración frente a la competición y es unafuerza que genera belleza. Es transformar el dolor en algo que merezca la pena.

Hasta ahora, o en muchas ocasiones, llamaremos brutalidad al otro tipo de fuerza que es la que hemos tenido habitualmente; la fuerza de las guerras, la fuerza de las miserias del poder, la fuerza de “La manada”, de los bestias de Pamplona. Es la fuerza de la testosterona hasta ahora, que lo único que hacía hasta ahora es tapar esta fragilidad de la que somos, y eso siempre genera monstruos. Entonces, buscaremos la fuerza en otro lugar, en la fragilidad.

No sé si es impresión mía, pero habéis mezclado en las letras la tristeza con la positividad a lo largo de las ocho canciones que conforman el disco.

Sí, de esta canción lenta digamos que nos venimos para arriba y de Tánatos pasamos a Eros, que es la vida en ese sentido. Incluso el baile puede ser perfectamente Eros. Es una celebración de la vida, pero no en el sentido más ñoño como de anuncio de la Coca Cola, para nada. La vida entendida con sus abismos, con su mierda incluida y con sus momentos de luz e intensidad. Sobre todo, la vida para aquellos que no tenemos un relato ni de infiernos, ni de reencarnaciones, es lo único que tenemos. Como decía Nietzsche en Así habló Zaratustra: “¿Es esto la vida?”, ¿esta mierda incluso? ¡Pues venga, otra vez!

Muy buena reflexión, sin duda. ‘Adiós’, como ya nos has comentado, es una canción dedicada a la muerte de tu padre y yo quería preguntarte: ¿está el escritor casado con el dolor en cierta manera, o más bien es un amante que se aprovecha del mismo?

El dolor es algo que nos toca a la especie. El hecho de ser la única especie que somos conscientes de que nos vamos a morir ya produce miedo y, por ende, dolor. La música, la escritura y cualquier tipo de arte están hechas para buscar cauces que ayuden a sacar el dolor fuera, porque cuando se queda dentro es cuando se enquista. Todas las músicas como el blues, o el flamenco, que es un quejido constante, o la música de los esclavos cuando cantaban, es una forma de liberación. Quien tiene cauces para liberar el dolor, para exorcizarlo, para sacarlo fuera, será siempre un mejor vividor. Pero no es recrearse en el dolor, eso sería un auténtico masoquismo. Jamás hemos hecho canciones para estar tristes, sino para aligerar la tristeza, para sacarla fuera.

Decía Gustavo Cerati que “poder decir adiós, es crecer”. ¿Hay aprendizaje en el adiós?

Hay aprendizaje en el adiós, hay aprendizaje en el dolor que hay anexo al adiós. Muchas veces no elegimos ni los adioses, ni las despedidas. Los grandes dolores, los grandes adioses, nos caen de golpe. Lo que sí podemos elegir es como materializamos el dolor anexo a la despedida. Es muy importante porque mal metabolizado lo único que te convierte es una persona resentida con el mundo, resentida contigo mismo y dedicándote a joder a todo tu entorno. Sin embargo, si lo metabolizas bien, nos puede hacer mejores personas, más fuertes y más empáticas con el dolor ajeno.

Es algo inevitable, hay que vivirlo sí o sí.

Es así. Quien se enfrenta a sus dolores y los supera, los metaboliza bien, mejora como persona.

Sin el don de la escritura, ¿qué debería hacer el ser humano para liberar el dolor?

La escritura, la voz, las mil formas de expresión son formas de canalizar el dolor y siempre se ha hecho. Los rituales de las tribus canalizaban las partes negativas, las quemas de las noches de San Juan queman simbólicamente toda la mierda, todo el dolor, aquello que siempre nos ha fastidiado hasta ese momento. Ese fuego lo depuraba y los lanzaba a otro territorio, nos hacía transformar todo aquello que nos jodía; aquello que contábamos de soñar y desear, atreverse a transformar todo aquello que nos jode.

El dolor está hecho para que nos transforme también y siempre ha habido mil rituales para transformarlo en algo que merezca la pena. Todos, e incluso los escritores o cualquiera que haga música, debemos transformar el dolor en belleza, es algo muy importante.

Es recomendable. En España ha habido una subida de un 20% en casos de depresión y, con la que está cayendo, parece hasta normal.

Pero fíjate, eso es un indicativo de que somos una sociedad primermundista. Yo estuve hace no mucho tiempo en Mali que es el quinto país por debajo en el mundo y allí la depresión no existe. Cuando estás en un grado de supervivencia y lo importante es saber si vas a vivir para mañana o pasado, la depresión no existe. Hay que enfrentarlo con soluciones, aun así, canalizar el dolor para no hundirnos. Hay que ponerle foco y luz, saber que somos bichos sociales, nos guste o no, y esto hay que compartirlo. Si tú te hundes, yo te levanto y si pasa de forma contraria, exactamente lo mismo. Es algo tan básico como cuidarnos.

Te he oído/leído en alguna entrevista que hay que celebrar la vida, ¿pero se debe celebrar la muerte? Al fin y al cabo, en otras culturas o en filosofías como la budista con sus entierros en las nubes, invitan a que así sea porque el alma de esa persona ya está extinta de dolor.

Ernest Hemingway decía que era la gente, las culturas más próximas a la muerte, las que luego resultan ser las más vitales. Son aquellas que convierten a la muerte en un tabú y la ocultan, las culturas que luego terminan siendo más pacatas en todos los sentidos. Como es algo a lo que nos tenemos que enfrentar, sí hay un momento en que tenemos que mirar a la muerte a los ojos y vivirla. Yo que vengo del alpinismo, cada vez que pasaba una situación próxima a la muerte, me he dado cuenta de lo poderosa que es la vida. A veces hace falta, necesitamos estar próximos a la muerte, tenerla presente, saber que está ahí, para precisamente apreciar más la vida.

También es cierto que sin dolor esta vida sería muy aburrida.

Es muy posible. Me acuerdo una vez que me vinieron testigos de Jehová y me presentaron algo diciéndome que si me gustaría. Me presentaron una especie de cielo dibujado con los leones guachis, todo el mundo entre florecitas y me dijeron “¿no te gustaría algo así?” y les dije que menuda mierda, ¡vaya aburrimiento!―risas―. Las cosas son como son y hay que reconocer lo que es. Somos una especie que funciona, los únicos que son conscientes de que van a morir, no se sabe de otra especie que pueda experimentarlo igual que nosotros. Conocemos el placer por contraste con el dolor.Es lo que hay y con ello trabajaremos. Podríamos imaginar mundos inexistentes, está muy bien, pero esto es lo que hay.

Volvemos a encontrarnos con una praxis en todos los discos. Hay géneros para todos los gustos en este disco: vals, dance, algo de punk, de jazz… ¿Piensas que esto os ha cerrado puertas para según qué personas que no soportan ciertos géneros musicales?

Nunca hemos hecho ejercicios de estilo. Nos consideramos cercanos a la cultura pop, aquella que surge en gente como Chuck Berry, Fats Domino, la Sun Records, el rock & roll de mediados de los cincuenta, hacia la Motown, el hard de los sesenta, la música electrónica, el jazz-rock, el alzamiento del hip-hop, el punk de los setenta, los ochenta, etcétera. Todo esto es algo que nos influye y escuchamos. Por ejemplo, nosotros podemos decir que vamos desde Berry hasta Arca. Es la música que escuchas y al final te haces esponja. Entonces todo surge una mezcla lo más natural posible.

Por otro lado, siempre estamos acordes a músicas aledañas; nos ha gustado el cabaré, tanto el de aquí como el alemán de entreguerras, el tango, el bolero, o tantas otras cosas. Escuchamos música y jugamos con ella.

Todo se resume a algo que le escuché decir a Ismael Serrano con respecto a una colaboración con el rapero Nach. Decía que la música entre sí no está lejos, que a lo mejor lo que te cuenta una canción de autor, te lo cuenta un rap.

Desde el rock hasta la electrónica más contemporánea, la diferencia es el mismo botijo, pero con otros colorines y a lo mejor el pitorro a la izquierda, al centro o donde sea, pero siempre en el mismo botijo. Así como si te vas al jazz hay otras distancias, o si te vas a la clásica hay otras distancias, pero lo que es la popular music, está muy próxima las unas a las otras.

Habláis de la transexualidad en este álbum una vez más. Ya lo oímos en otras canciones de Doctor Deseo. ¿Crees que la sociedad tiene mucho que mejorar respecto a la forma de ser de otros individuos o a sus deseos naturales?

La sociedad no se sabe por qué, siempre marca unas pautas para seguir la norma y todo lo que se salga de la misma siempre crea problemas. En el caso de la transexualidad la evolución ha sido muy poderosa. Esta canción surge de dos elementos: uno es que siempre he tenido amigos transexuales que han sobrevivido a las épocas más duras y bestiales, y segundo por un suceso. Se suicidó un chaval en Ondarroa a los 14 años y aun teniendo a su familia de su lado, a todo su entorno, no pudo con todo aquello. Habría un tercer elemento y es que tenemos en el entorno familiar a una persona que antes era un chavalito y ahora se considera una niña con seis años y está empezando a hacer el proceso de mostrarlo en la escuela. Solo lo hacía en eventos privados y ahora empieza a hacerlo allí.

La adolescencia es tan heavy, tan bestia, para todo el mundo, que en el cambio que te pega el cuerpo, la mente y todo, si además tu cuerpo no te acompaña con las emociones que deben acompañarte, es una tragedia. Solo podemos poner una alfombra de cariño, ternura y compasión para que esto tire adelante, para que cada uno sea como tiene que ser. Que no existan normas que nos digan cómo hay que ser, que parece que ha sido cosa del sistema hasta ahora. Nos han dicho que lo guay tiene que ser así, así y así, y todo lo demás quedaba siempre fuera. Pues seremos orgullosamente raros y pondremos alfombra de comprensión a todas las historias que surjan. Aun así, aun teniéndolo duro, considero que el avance es muy potente. Tengo un mensaje de Whatsapp de lo que los padres de una niña transexual de seis años mandan a los demás padres de la escuela para que entiendan el cambio de su niña, para que pase de un nombre de hombre a uno de mujer, que es tan guapo, tan potente, tan conmovedor, tan comprensivo, que dices hostia, algo está cambiando.

Además, es lo que decía anteriormente, no es la primera vez que le cantáis a la transexualidad. Aquella historia de alguien que tiene quince años y no le dejan ser mujer que contabas en ‘Fugitivos del Paraíso’. Entonces sí, estoy de acuerdo en que hay mejoría, pero creo que no hemos llegado al estatus de otros países.

También que no se nos olvide que en este país venimos de hace cuarenta años de una dictadura, eso históricamente no es nada. En el fondo también hay que tener en cuenta que tenemos un ombligo muy judeo-cristiano, que significa que pensamos que el mundo gira alrededor de nuestro ombligo y todo va a nuestro ritmo, pero no es así. El mundo tiene sus ritmos, a veces los históricos, no te digo nada si nos vamos a términos geológicos y demás.

Sabemos que las cosas no van a ir a nuestro ritmo, no van a ser como nos gustaría. A mí me encantaría tener un mundo donde todo eso estuviera aceptado, cojonudo y de puta madre, pero esto no es así. Pero ojo, esto no quita para que debamos seguir empujando a saco para que las cosas cambien y se transformen. Yo me imagino al cromañón de turno cuando salía de la cueva y de pronto decía “me cago en la puta, si ha venido aquí un tigre dientes de sable y me ha jodido un brazo”, y que luego tire un poco más adelante y diga “hemos cazado este mamut, pero hemos muerto siete para cazarlo y que la familia pueda comer”. Me le imagino diciendo “vaya mierda de sistema” y quejándose de que esté tan abajo en la cadena alimenticia, o de que los de la otra tribu vengan a robarles las mujeres, el ganado o directamente a matarlos, como ocurría por entonces. La naturaleza es así, el mundo es así, más vale que lo sepamos. Esto no significa para que luchemos como cabrones y transformarnos, civilizarnos, poquito a poco.

El mundo ha mejorado mucho desde la caverna hasta aquí, que no te quepa ninguna duda. Y te digo una cosa, una de las cosas más decentes de ser viejo es que tienes una perspectiva histórica, y el mundo ha cambiado mucho a mejor, tenlo por seguro—risas—. Desde que yo era un niño y estaba con el señorito Franco, íbamos a la escuela, donde la letra con sangre entra, hasta ahora, todo ha mejorado. Empujaremos para que sea a más y mejor. Esto como en el fútbol, todos queremos más y mejor, siempre.

Me comentaba Carlos Chaouen en una entrevista que hice, que un artista no se debe a su público, que más bien se debe a lo que a él le apetezca hacer en ese instante.

Eso es así en todo trabajo. El artista no es alguien distinto a cualquier trabajador. En último término lo que quiere es sentirse a gusto con lo que hace y por lo tanto se conecta con uno mismo, y a su vez, que lo que hace sirva para algo. El primer condicionante es que te sirva a ti, y para lograrlo, tienes que marcar unas pautas, pero eso no quita que tengas que servir también a los demás. Me da lo mismo que seas el camarero de este bar donde estamos; tienes que servir a los demás y que además la gente diga “que camarero más simpático y que bien me ha atendido, me voy más contento a casa”.

En la música es tres cuartos de lo mismo, tampoco tenemos que mistificarlo. Que nos sirva a los que lo hacemos, y que les sirva a los demás. Es mucho más importante un maestro que un artista.

Pero muchas veces el artista también ayuda más que el maestro. Hay maestros bastantes mediocres.

A ver, pongamos las cosas en su orden: primero la gente que se dedica a cuidar y a la educación, posiblemente eso sea la base, la estructura de este mundo. Después de ellos, vamos el resto de las personas.

Todo es necesario, también el músico, el cantante, el pintor o el escritor, por supuesto. Pero a mí, como se me joda el coche en mitad de las Bárdenas y no venga un mecánico y me lo arregle, la música me va a importar bien poco, te lo prometo—risas—. Como no venga un mecánico y no me ponga un precio asequible y me deje tranquilito, la música me va a arreglar poco. No somos los herederos de los dioses.

Incluís tres temas con orquesta en el nuevo álbum. ¿Habéis pensado hacer una gira o un disco en este formato?

Hombre, no es fácil mover a una orquesta como la de Euskadi que además es de las más potentes de Europa. Son noventa personas que habría que mover de aquí para allá y no creo que se apunten—risas—. Que pueda surgir alguna cosa puntual está guay y para nosotros ha sido auténtica magia y una lotería que te toca, pero estamos orgullosos de pertenecer a la baja cultura y seguiremos enganchados a la misma. Quizá se pueda ampliar un poco en algún momento dado, pero somos lo que somos y nos gusta serlo.

Quedaría muy teatral como en aquella gira de Al amanecer, seguir soñando. ¿Retomar este formato está en vuestros planes?

Nosotros somos muy de presente. Siempre hemos funcionado así, nunca nos hemos planteado que las cosas duraran o no duraran. Ahora mismo estamos en estas y mañana ya pensaremos en otra cosa. Es probable que sí, es probable que no, no sabemos. Ahora mismo estamos con la gira de La Fuerza de la Fragilidad, con la intensidad que tienen estos conciertos y es en lo que estamos. 

¿Crees que la fuerza de la gente se está mermando poco a poco o que más bien está yendo a más a causa de la manera de la que quieren silenciarnos los de arriba?

Una brutalidad como lo que ocurrió en Pamplona con la violación de cinco bestias pardas a una chavala, es terrible. Quiero pensar que el sufrimiento de esa chavala está sirviendo para un crecimiento potente del movimiento feminista. Ver un 8 de marzo tan explosivo, tan potente, tan transversal en el sentido de gente de todas las edades apuntando a una misma dirección.

En Bilbao era una gozada ver a señoras y señores de ochenta años, chavalas y chavales de doce, trece, catorce, dieciocho o niños, todo el mundo a una. Todas estas cosas ocurren y nos tenemos que fijar en ello. Ahora mismo estamos dando un paso atrás con, por ejemplo, la libertad de expresión. Quiero pensar que es un paso atrás en el que vamos a coger carrerilla, saltar y evolucionar. Como especie lo hacemos y lo haremos, y saltaremos y volveremos a poner la libertad de expresión donde debe estar.

Somos una especie que hacemos unas barbaridades de la hostia, pero también nos sabemos adaptar de nacer en un clima con solecito y calor a adaptarnos a vivir en el Polo Norte. Hacemos barbaridades, pero también cosas guapas y es en las que hay que pensar también.

A los músicos os tienen con lo de la libertad de expresión, hasta, literalmente, las narices. Se me ocurre, por ejemplo, un caso como el de Valtonyc.

Sí, por ejemplo. Es de descerebrados. Ahora se nos ha ido, se montará un escándalo de puta madre y estoy seguro de que servirá como un avance. Nos cargaremos la Ley Mordaza si no es más pronto, un poco más tarde, pero nos la cargaremos y sacaremos algo que sea mejor para todos.

Yo en este sentido soy muy de Gramsci. Sí, seamos unos pesimistas intelectuales, pero seamos unos optimistas vitales porque nos va la vida en ello. Si nos cargamos de pesimismo vital lo único que vamos a hacer es quedarnos en casa, quejarnos y no mover el culo. Estén las cosas como estén, más vale que salgas a la calle, muevas el culo y tengas optimismo vital.

Cada vez se os hará más complicado hacer un setlist por vuestra larga trayectoria. ¿Uno no se cansa de cantar, tocar, canciones como ‘Corazón de tango’? 

¡No! Nosotros tenemos una forma que como desaparecemos un año de lo público y dejamos de cantar y yo ni me escucho, ni me canto a mí mismo, pues se lleva mejor. Nosotros hemos utilizado siempre un método para mimar nuestro oficio, no abusar nunca de la cantidad de conciertos como para convertirnos en una especie de funcionarios de la música. Hacemos una gira con 30 y pico conciertos hasta el 5 de enero, cerramos la persiana, desaparecemos de lo público y generamos algo nuevo, evolucionamos como personas, todo a base de alejarnos de los escenarios.

‘Corazón de tango’ es una canción que nos ha dado muchísimo, nos puso en el mapa, que hay gente que la conoce y no sabe ni de quién es, cosa que es guapísima, y lo disfruto como un enano cuando la tocamos y la canto.

¿Qué ha cambiado para bien y qué para mal en el ámbito de conciertos en este país desde que comenzasteis?

Pues para bien, que hay más y hay mucho donde elegir. El momento de creatividad es exquisito, y, de hecho, es mejor que en nuestro momento. Siempre idealizamos el pasado y en música cualquier tiempo pasado fue peor. Hasta los 80, que todo el mundo dice maravillas de ellos y que evidentemente fue una explosión después del franquismo en relación a la música y al color. Ahora mismo hay mucho más que en aquella época.

Uno de los problemas que siempre hemos tenido es la industria, que siempre ha sido una mierda y eso sigue siendo así, no ha mejorado nada. Pero la música está en un momento creativo mágico.

¿Poseía el grupo la intención de hacer los conciertos como los hacéis ahora, con esa mezcla entre poesía, sensualidad y complicidad, o es algo que surgió más tarde?

Había algo. El haber frecuentado los cabarets de la época y estar influenciado por los primeros transformistas en Bilbao, su forma de entender el escenario tan bestia y tierna a la vez, nos marcó. El acceder al cabaret alemán de entreguerras, a la película Cabaret, Marlene Dietrich, y ese tipo de sonidos, te marca una pauta. Ser seguidor de gente como Iggy Pop, de ese tipo de bestias en el escenario, pues algo se te pega.

Ver un concierto de los Burning en Bilbao, donde salían con esas pintas y cantando de aquella manera, también te trastoca el cerebro—risas—. A partir de ahí ya no eres el mismo.

Estando en la época del punk radical vasco, ¿no os dio por intentar tirar por ahí?

No. Yo el punk lo viví desde el 77, en una sala que había en mi barrio y siendo jóvenes como éramos, casi más bien adolescentes, conocíamos a un DJ y nos dejaba entrar porque le conocíamos. Estábamos ahí todo lo que queríamos sin consumir nada, escuchando toda la música que llegaba a nuestros oídos y el tío viajaba a Londres y traía discos. De pronto nos puso un día el God Save the Queen de los Sex Pistols y fue un impacto poderoso.

Cuando llegó el punk al País Vasco, digamos que ya lo teníamos muy metido y queríamos juntarlo con otras cosas, otras historias y demás. Queríamos ser lo que éramos, nacimos contracorriente, pero nos ha fortalecido mucho. Lo tuvimos difícil, pero nos fortaleció. Estaba el punk, mucha testosterona y nosotros éramos las “mariconas” de barrio que nos generaba algún problema al principio y tal, pero nos fortaleció mucho y por eso hemos durado más que otras bandas. Merece la pena empezar de forma difícil.

Muchas de vuestras canciones aúnan poesía y música. Canciones como ‘En tu rincón’ o ‘Abrázame’ son gran prueba de ello.

Bueno, aquí hay que diferenciar entre lyric y poetic, como dirían los ingleses. El poetices el que se sujeta por sí mismo sin necesidad de música y el lyric es aquel que se sujeta por la música. Yo primero hago la música y luego inserto la letra, por tanto, tampoco vamos a pasarnos. A veces, algunos versos se sujetan solos, pero en general están ligados a la música.

La banda KISS, ha afirmado que la banda podía seguir con otros miembros cuando ellos ya no estuvieran activos para desempeñar sus funciones en la banda, han dicho que hasta les gustaría hacer un casting para elegir nuevos miembros que los sustituyan en un futuro. ¿En el caso de Doctor Deseo puede ocurrir algo así?

La verdad, ni me lo planteo. Yo me veo como Chavela Vargas, arrastrándome por los escenarios a los noventa años y mejorando. Son unos referentes. Me encantó ver a Leonard Cohen en un concierto mítico a sus 74 años y, siendo yo muy de Leonard Cohen, me sorprendió verme que jamás hasta ese momento pudo hacer, algo tan poderoso.

La mayoría de los grupos cuando entran en ciertas épocas, entran en lo que se llama nostalgia y lo único que hacen es nostalgia, pero hay algunos elementos especiales. Puedo decir Cohen como puedo decir a Chavela, que, con la edad, eran personas que te transmitían algo que no podían hacer antes. Es impresionante el concierto de Chavela en Nueva York, a los 90 años, donde los elementos te ponían los pelos como escarpias, donde te decían “mira, te voy a pasar toda una vida destilada en esta gota de dolor, de placer, de vida”. ¡Pum! Ahí lo llevas, impresionante. Eso solo lo consiguen unos cuantos elegidos y espero poder pertenecer a ellos.

Decía Frank Sinatra que, por ejemplo, cuando cantaba ‘My Way’ de joven, se emocionaba como es lógico. Pero cuando le ves cantarla de mayor, en los últimos años de su vida, especialmente en una grabación que hay por YouTube en un casino de Las Vegas, te quedas alucinado porque le ves y lo siente de manera diferente, se nota, porque esa canción cobra más sentido con más edad.

En el fondo hay muchas cosas que son vueltas de tuerca, perspectivas distintas sobre algo, y, a veces, la sabiduría que alcanza la madurez puede ser interesante, o tal vez, nefasta. Era una maravilla, por ejemplo, ver cantar ‘My Way’ a Sid Vicious, era otra perspectiva totalmente diferente porque te conmovía y te trastocaba de otra manera.

¿Para cuándo un libro Francis?

Tengo capacidad de síntesis escribiendo. Puedo sintetizar en una frase un sentimiento o sensación, pero me cuesta ser un escritor extensivo. De momento me dedico a lo que soy y zapatero a tus zapatos. Dejo para los demás eso, que seguro que lo hacen mejor. Pero, aun así, a saber, lo que pasará.

Para despedir la entrevista: ¿sigue vigente el lema de “sexo, drogas y rock & roll” que cantaba Ian Dury?

El sexo siempre, porque Eros es la vida y, por tanto, no es que esté de moda, es que nos va la vida en ello también. El rock & roll seguimos en ello y evoluciona y tiene una vitalidad increíble. Las drogas, en su medida. Toda sociedad las ha utilizado, desde las más primitivas a las más modernas y lo único que se debe hacer es utilizarlas con estética, no con asiduidad, no con rutina y demás. Sigue, pero de otra manera, como todo.

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