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Álex Villazán: «Algunos ministros deberían haber vivido en Villaverde»

Uno, que es muy de su barrio, ve a Adrián Expósito cerca de otro joven actor. Son los muchachos de Pérez de Toledo, alguien que elige a los actores como en una Masía de las cámaras. Apenas hay un par de entrevistas por la red de él, pero la historia del jiu-jitsu vale para hacer algo. Adri llama. Álex Villazán acepta. Llegamos un par de minutos tarde y nos espera sentado en un sillón que llama a entrevista. El ladrillo visto del fondo desecha el marco: la de Amarna fue igual.. Hablamos mientras tanto entre conversaciones de ascensor. Miramos un poco alrededor. Nos sientan y nos sonreímos con cierta complicidad: buscamos palabras de altura.

Entrevista Álex Villazán

A ver si coincidimos en una visión. Uno se da cuenta de que es famoso o medio famoso cuando te paran por la calle. Y además, cuando el poco tiempo que tiene lo dedica a pesados como nosotros…

Sí…

¿Estás teniendo muchas entrevistas últimamente?

Voy teniendo poco a poco, cada vez más. Ahora mismo no me paran casi por la calle porque no soy casi conocido. En mi casa quizá, pero cuando salgo de mi casa…en fin, poco a poco.

Anda, anda. Todo esto ¿cómo lo llevas con 22 años?

Muy bien. Esto es como ser panadero, un trabajo más. Una función que tenemos en la sociedad arrimados a la cultura y hay que llevarlo bien. Hay que llevarlo como cualquier otra cosa sin darle más importancia que la que tiene.

Poco a poco, pero vas creciendo ‘Como la espuma’.

Eso tanto por la película como en la Jóven Compañía: mucho trabajo.

¿Qué tiene Roberto [Pérez de Toledo] que os dice ven y lo dejáis todo?

Es un grandísimo director, te hace sentir bien. Sabe por donde llevarte, eso es muy gratificante para un actor. Tanto él como su equipo: es un gustazo.

Luego tiene otra cosa buena que, supongo, habrás pensado. Cuando coge a alguien y le gusta, repite…

Exacto. Cuando trabajas con alguien que te sientes agusto quieres trabajar de nuevo con él. Cuando sale todo lo que te pide, cómo no volver a trabajar con él.

¡Y a ver quién le dice que no a una orgía!

Eso también, aunque algunos lo tienen más fácil que otros en la peli ¿eh? Al principio es muy llamativo. Luego cuando te pasan el guión y lo ves dices “qué guay”.

¿Te puede echar para atrás al principio?

Miedo no da, pero te impacta. Dices ¿una orgía? Te entra curiosidad, dices, quiero leer esto.

Y luego ya cuando empezáis a rodar, que a pesar de ser trabajo, ha de ser difícil…

Sobre todo con confianza y respeto, con eso sale todo. Y luego ya vas buscando las similitudes con el personaje: qué le puedes aportar y qué te puede aportar él a ti. Luego con el trabajo del director y con el tuyo pues vas construyendo. Es muy bonito como va creciendo el personaje.

Siempre me queda una pregunta, luego cuando os veis con vuestra familia ¿qué?

Jajaja, ahora no te lo puedo decir. Cuando lo vea… Nunca he rodado una escena de sexo y la he visto con mi familia mientras cenamos ¡no he tenido esa suerte o esa desgracia! Será incómodo cuanto menos.

Un rodaje de una fiesta con gente joven ¿es un rodaje o una locura?

Las dos cosas. La clave, con las escenas de figurantes de una fiesta en una piscina y bajo unas directrices, es que hay que montar la fiesta. Para que eso sea bien hay que montar una fiesta con música, con espuma y pasarlo bien. Si no hay eso, no sale natural. Una fiesta loca y botón de grabar…

Interpretaciones aparte ¿tú eres de fiesta?

No soy muy de fiesta. Soy más de estar sentado tomando una cerveza o un café. Muy  familiar. Cuando hay que salir se sale, pero no soy de salir cada fin de semana.

Estáis muy moderados toda esta hornada de jóvenes. Parece que acabáis un poco con el anterior espectro que veía amanecer tres veces.

Sí ¿verdad? No tanto los actores sino los jóvenes que nos tienen etiquetados como ‘estos ninis que no valen para nada, que están todo el rato de fiesta’ y se tienen que dar cuenta de que no es así. Cada persona es un mundo y también estamos nosotros para decir basta a estas etiquetas.

No era tanto la etiqueta de joven, sino la de actor…

¡Hombre me imagino que será igual! Cada actor es un mundo. Al menos yo soy de los moderados, de los que no sale mucho…

En toda esta tranquilidad, en tu caso, algo ha tenido que ver el deporte.

El deporte ha sido una base enorme, por no decir una de las grandes bases de mi educación y mi forma de ser. Aparte del físico, de la técnica, lo que más saco en positivo son  los valores del deporte y, sobre todo, de las artes marciales.

¿Cómo empiezas en el jiu-jitsu?

En el colegio. Empecé como actividad extraescolar el judo. Mi maestro impartía además jiu-jitsu y nos iniciamos igual. Tengo los dos cinturones negros.

Y luego te recorres Europa ¡y ganas!

Eso fue una suerte y algo espectacular. Empiezas para canalizar el nervio y te gusta y sigues y sigues. Y claro, eso es un deporte en el que también se compite y dices ¿por qué no? Competíamos en Madrid, en el nacional y obteníamos buenos resultados y fuimos al Campeonato del Mundo. Sonó la flauta y quedamos terceros; una de las mejores experiencias de mi vida.

¿Qué te ha enseñado el jiu-jitsu?

Me ha enseñado disciplina. Me ha enseñado educación, valores. La honestidad. Al fin y al cabo es eso lo que tienen las artes marciales. Imparten un poco eso. Todo el mundo se piensa que es un deporte de pegarse y para nada. Bajo eso hay una base de valores, de respeto al compañero y al contrario. Es un arte japonés, eso en Japón está en las venas. Y lo tengo inherente. Llevo desde los 4 años y me metieron eso a fuego: el respeto, la honestidad, el ser valiente. Son cosas que no te dabas cuenta de pequeño. Ahora lo piensas y dices “las artes marciales han sido muy importantes en mi comportamiento”.

Siendo de Villaverde ¿no se te ha escapado ninguna ‘manguzada’?

Bueno…Siempre he sido, como dicen las artes marciales, para intentar evitar las peleas. Y se utilizan en casos muy, muy extremos y tampoco es que los haya tenido a pesar de ser de Villaverde que es un barrio como otro cualquiera.

Sí, quizá existe esa imagen estereotipada. Que si Villaverde, o Vallecas o Carabanchel. Pero en esto hay algo común: lleváis el nombre del barrio grabado a sangre y fuego.

Pero eso es porque creces con ello. Tú eres de barrio. Creces con unas vías: no es lo mismo si creces en un barrio que si creces en el centro. Por lo menos me ha pasado a mí. Ellos tienen otro ADN. Es distinto por las situaciones, por las compañias, por la gente, es. Es cierto que hay algo que es de barrio y está ahí y que no es malo: es súper enriquecedor. Para mí que soy actor lo juego y tengo ello.

¿Sigues allí?

He vivido, sigo y supongo que viviré.

¿Solo?

Con mis padres. Hasta que tenga suficiente dinero para independizarme.

Los barrios humildes enseñan día a día, cotidianidad y necesidad ¿qué te ha dado de todo ello Villaverde?

Todo ¿qué te da el sitio donde naces? Vives allí, convives con la gente, te relacionas… Toda mi familia, mis abuelas, mis tías. Me ha dado bastante seguridad ser de barrio, que es una tontería porque te lo puede dar cualquier sitio, pero yo qué sé, son cosas que las tienes y pasan los años y te sientes muy orgulloso. Y vas a muerte con ello.

Me refería más a que ese día a día, esa humildad, ese ganar las cosas, en otros sitios no se enseña.

Claro, claro. Hay gente en Villaverde que ha podido tener no todo, pero sí un poco más. Yo he tenido que sacarme las habichuelas. He tenido que buscar, he tenido que trabajar, estudiar, un poco de todo para ganarme la vida. Mis padres no me han dado todo lo que he querido. Eso te hace un poco superviviente de la sociedad en general, no solo de Villaverde.

¿Trabajando y estudiando?

Sí, sí. Cuando estudiaba en la Escuela Municipal trabajaba en Stradivarius en Isla Azúl de dependiente. Salía de trabajar y me iba a estudiar ¡como mucha gente! Es que es eso: no es nada especial, lo hace todo el mundo.

En estos valores, mucho ha tenido que ver tu familia…

Siempre. Además en la Joven Compañía que tenemos contacto directo con los chavales, decimos que cultura es algo necesario. Vemos como algunos chavales quieren dedicarse al arte dramático pero les falta el apoyo de sus padres. Les dicen aquello de que no tiene salidas. Nosotros les damos el mensaje de que luchen por lo que quieren. Sin el apoyo de tus padres es muy difícil progresar en algo que te gusta y yo he tenido esa suerte de mi parte.

Te pido un consejo, que el periodismo está muy mal y no quiero cerrarme puertas ¿cómo te sientas en el sillón y dices ‘quiero ser actor’?

Es complicado. Se va dando con el paso del tiempo. Estás haciendo teatro y llegas a segundo de Bachillerato y tienes que decidir. En la ESO, de hecho, estuve a punto de no hacer Bachillerato y dedicarme a las artes gráficas; no sé por qué. Parte de culpa de redirigirme la tuvo María José Pazos, mi profesora de teatro y cuando dije lo que quería me dijeron que genial.

Es que parece que cuando le dices a alguien ‘quiero ser actor’ ellos se lo toman como ‘va a ser el que no vino a dormir ayer’…

Sí, tiene como unos clichés preestablecidos y para nada.

¿Cuándo un actor deja de ser una persona de la calle y empieza a superarle el ego?

Cuando él quiere.

¿Y cómo se evita?

Se evita si uno quiere. Es que quizá, no sé quién tiene la culpa. No es cuestión de echarle la culpa a nadie. No sé si la educación, no sé quién dice que esta es una profesión superior ¡es una gilipollez! Lo evita uno mismo. Tú sabes lo que es tu trabajo y lo que significa y lo que estás haciendo y no es más ni menos que otra cosa. Pero claro, si no te han enseñado eso, si te han enseñado que ser actor es ser famoso…si no sabes lo que estás haciendo es normal que se te vaya la pelota.

¿Ves la tele?

Sí, cuando puedo. Ahora llego a casa muerto y me acuesto. Pero cuando puedo, sí.

Series como’El Príncipe’ o ‘Mar de plástico’  con jóvenes han de ser un aliciente. Ver que podéis encajar…

Sí, eso es maravilloso. Lo que se necesita es que salgan cosas que interesen, que tengan audiencia, que a la gente le pueda gustar. Por eso los ‘Apellidos vascos’ tuvieron tanto éxito. Era una cosa nuestra, española, que nos interesa. Cuando se habla sin tapujos…

A la gente también le interesa ‘Gran Hermano’…

Evidentemente. Hay público para todo. Eso no es del todo malo. Si alguien demanda algo… todo funciona así: si se demanda, se lo sigues dando.

¿Qué te parece esa tele?

Totalmente respetable. Yo veo Gran Hermano. Me entretiene, me entretiene bastante. Aparte de lo que pase, lo veo y me entretengo.

Hace poco ponías un tuit al respecto de ello. Ponías la escultura de Giambologna del Rapto de las Sabinas y decías que la gente te había contestado más a un tuit de Gran Hermano.

Jajaja ¡claro pero es que es normal! ¡Ojalá la gente consumiera más Giambologna y menos Gran Hermano! Pero bueno ha habido una educación más a este tipo de programas, a ese tipo de cultura. Quizá no han tenido los medios para Giambologna. Es un poco crudo, pero es así. Habría que intentar dar medios a todos.

Usaba el tuit de enlace. Una juventud más preocupada por conocer a 20 personas en una casa que a un escultor, ¿no crees que nos condenamos al ostracismo con la incultura?

En parte tienes razón, pero a la gente le tenemos que dar medios. Si no damos posibilidades, se van a quedar con lo que tienen en la mano. Tampoco hay que demonizar a nadie, a los jóvenes, a la masa. Hay que dar medios por igual, sin ser elitistas.

Trabajando en el mundo de la cultura ¿cuánto han tenido que ver los ministros de Cultura en todo esto?

La culpa la tiene quien tiene el poder. No quien tiene el poder, sino quien tiene el poder de hacerlo y no lo hace. Si tienes el poder, hazlo. Pero claro, se tiene que hacer bien ¡yo creo que algunos ministros deberían haber hecho artes marciales o haber vivido en Villaverde! Cuando vives muy bien…

El otro día oía un monólogo que preguntaba si a alguien del público le importaba que le subieran el IVA a los yates. Decían que no, porque no tenían. Y el monologuista decía que igual le pasó a Wert con la cultura…

Evidentemente.

¿Fue una estocada a una cultura maltrecha?

Evidentemente. El problema está en que la cultura tiene que fomentarse en la educación. Es necesaria y obligatoria. Si no se fomenta, llega un momento en el que la gente no demanda cultura. Si no hay esa base, cuando creces está alejada de ti. Eso es lo que pasa. La gente no va al teatro porque lo ven aburrido y necesitamos que los jóvenes tengan la cultura a su lado. Una vez que la conozcan, que tomen la decisión de acercarse o no. Pero que sepan, la conozcan y se nutran de ella.

Luego hay otro problema, Álex: la accesibilidad. No sólo que la conozcas, sino que puedas pagarla ¿es cara?

Claro que es cara. Para todos, no se puede hacer cultura con ese IVA. Es lo que dices: si el que pone el IVA no tiene una educación basada en la cultura, normal que pongan el porcentaje que sea.

Relajemos. ¿Qué te hace más feliz, el cine, la tele o el teatro?

Teatro. Es lo que he hecho de toda la vida, desde pequeño, y lo sigo disfrutando hasta ahora. He crecido como actor y como persona.

María José ¿te cogió un día y te dijo “tú, aquí”, o cómo?

Era una actividad extraescolar y ella me decía que lo estudiara, que adelante. El teatro era como una cuerda a la que agarrarme en mi adolescencia y eso me hace ver las cosas de otro modo. Dices esto es muy gratificante, es a lo que me quiero dedicar. Luego cuando tienes personas que te dan la mano, tiras con ello.

Y así, hasta la Joven Compañía…

Eso es.

Una especie de niños prodigio que estáis unidos por el arte en el teatro y por mucho trabajo…

Jajaja, niños prodigio…¡nos matamos a ensayar! Gran parte de culpa la tiene José Luis Arellano como todos los integrantes que nos ayudan. Gracias a ellos y a nosotros, a los miles de jóvenes que vienen a vernos, es un lujo que esto pueda seguir en pie, que sirva de bandeja que diga “tome, un poco de cultura”.

¿Cómo se entra?

En la propia página tienes una zona de ingreso y luego hay talleres en el que haces un montaje, una dinámica de grupo… Varias formas.

¿Tú como entraste?

Cuando estaba naciendo. Tenía tres amigos en la Jóven Compañía y me dijeron que estaban buscando a un jovencito para hacer de Maestre de Calatrava en Fuenteovejuna, el primero que hicimos, y fui, leímos, hice un par de dinámicas y me cogieron.

Hasta hoy.

Hasta hoy.

¿Estáis con ‘El señor de las moscas’?

Estamos con ‘El señor de las moscas’ que estrenamos en noviembre. Y estamos el 13 en Valencia con ‘Hey boy, hey girl’ la adaptación de Romeo y Julieta.

¿Sabes que ‘El señor de las moscas’ fue un libro desconocido que luego fue imprescindible?

Sí, sí.

Niños, bondad y autoridad ¿qué tienes de esas tres cosas que marcan la obra?

Niño y bondad, creo que todos tenemos un niño dentro y cada uno lo saca en la medida que quiere. Y ¿bondad? ¡es que soy un trozo de pan! Y luego autoridad, no tengo autoridad para nada. De momento las dos primeras me quedan…

Se plantea en el libro una sociedad distópica que es algo que suena mucho ahora ¿ves relación?

Sí, claro. La obra se parte entre dictadura y la democracia. Y es un reflejo de cómo es el ser humano.

¿Pero crees que es trasladable a la actualidad?

Sí, por eso es un clásico. Y por eso todavía sigue latente. Lo lees y vale ahora, hace 30 años y seguirá valiendo.

Entonces ¿quemamos todo?

Mejor hacemos sonar la caracola.

Y para terminar, si os habéis quedado con ganas de más, os dejamos una batería de preguntas que hicimos a Alex Villazán.
Darío Novo Montero

Llevo barba, odio las chanclas, bebo cerveza y tu madre me considerará una mala influencia. Me niego a aceptar el talento que algunos insensatos me atribuyeron e intento demostrar su error escribiendo en periódicos y hablando en la radio.

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Publicado por:
Darío Novo Montero

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