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Editorial: A nuestros mayores

Nadie sabe de nada ya. Se dan pellizcos a la realidad buscando encontrar cosas de aquí y de allá, preguntando cómo es posible que todavía existan intelectuales de a pie que conozcan, que memoricen, que sepan reproducir a Calderón sin pestañear, que en la soledad de un banco sin mayor objetivo que el hablar reproduzcan cualquier verso, hablen en latín o simplemente hagan saber lo que vivieron, su historia.

Quedan pocos, muy pocos, pero siempre se hacen ver, esperan el momento, pacientes, para acercarse y dejar una parte de ellos. Enseñar y mostrar que lo suyo es lo real. Y, solo, a veces, tienen razón.

No se sabe nada ya. Ellos son el pasado, nuestros abuelos, nuestros mayores. A los que se debe el suelo que pisamos, a los que no se puede excluir, por mucho que se empeñen algunos.

Se grita al oído que hay que olvidarles, que son frágiles, que están obsoletos (sí, como un objeto), se susurra bien bajito que no se les debe escuchar, que sus capacidades son limitadas…

Y no. La negación a esos cantos de sirena es la respuesta. Ellos son la voz de la cordura, son verdad, son nuestro pasado. Son la referencia, por vosotros va este pequeño homenaje, seguid intentando cambiar mentalidades.

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