Diario de campaña. Día 9: El ego es el otro

El Partido Popular es algo dosificable sólo en monodosis, ahora que surge por las esquinas el debate del gasto sanitario. Por ello entendí que era conveniente acudir a un mitin de los de ‘petit comité’ antes del ‘Día Mariano’ que he marcado en el calendario para mañana. Lejos de las plazas de toros, los mítines cercanos tienen aroma familiar y miradas de las que fichan y, quién sabe, si tachan en la lista al que acude y al que no.

En los pueblos de la sierra madrileña, que hasta las últimas elecciones eran un territorio comanche de los de Génova, uno acaba por conocer hasta a los alcaldes de los municipios limítrofes. Se conoce a los alcaldes, que antes habían sido concejales y que antes eran los chicos de los recados de este brasero y aplauso vago que son los mítines de las nacionales de puerta chica de Imaginarium.

Reciben a los simpatizantes en la puerta y reparten llavero, chapa, panfleto, caramelo y un tríptico en el que está, bien resumidito, el programa del partido. Cuando se entra no es difícil encontrar sitio y te saludan como quien entra a un nuevo local: con la cabeza girada y casi a tono, como aquel club secreto de admiradores secretos de Mariló Montero que, en su papel de Roberto Picazo, lideraba Joaquín Reyes.

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Ya dentro, escucho “no le puedo dejar a deber, no soy como ella”. Y ella se ofende, claro, porque no entiende que el dinero de las papeletas ella lo controla mejor y a uno le da por pensar qué harán con el dinero público si pasan de chicos de los recados.

Más que el mensaje, te llevas de los mítines del Partido Popular la sensación de una sintonía bien hecha y que, incluso, no se podría haber hecho mejor. La sintonía persigue como el carrito de perritos a Homer Simpson y no hace falta que los simpatizantes lo lleven de politono: retumba en la cabeza.

Cuando llegan los invitados, el 12 y el 13 al Congreso por Madrid, el himno sube y las banderas se agitan lento, dando un poco al de alante medio en broma medio en serio. Ya saben, cosas de los pueblos. Cuando uno se imbuye en ese aroma mezcla de colonia, agradecimiento y educación gira su vista y como una panorámica de iPhone, repara en ser el más joven de la sala y por momentos teme salir de allí con un cargo en Nuevas Generaciones.

El discurso popular gira y girará en los próximos días en recuperar las respuestas ante los ataques tribanda a los que les han sometido Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos. De hecho, eché de menos a aquellas señoras y a aquellos señores tomando apuntes, pensando en cómo utilizar esas respuestas, levantando la mano y diciendo “¿puede repetir?” o “dicte más despacio”.

Inmiscuido en el mitin, salen a colación las bondades de los 4 años, la herencia de zapatero y luego todo fluye y se conecta con los nuevos partidos y sus líderes que son adanistas, no tienen experiencia, son egoístas, mentirosos y egocéntricos. “Tenemos solvencia, tenemos liderazgo y tenemos arrojo”, decía el último ponente destacando la primera sílaba de la palabra posterior a tenemos lo que me obnubiló y creí y quise haber oído que tenían ‘a Rojo’.

Cuando en la sala empiezan los cuchicheos, el señor del atril espeta un “voy acabando” y sabes que quedan 10 minutos. En su alegato final, y folios doblados, nombrando a Mariano y al Partido Popular aclama haciendo gestos con los brazos “¡Somos el Robin Hood de la sociedad española!” y tras mirar la hora y recoger el abrigo, se va uno al coche pensando en Sartre y en por qué los ególatras son siempre los demás.

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