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Si algo tenemos seguro tras el gobierno de Rajoy es que podrá pasar a la posteridad como único Youtuber que aun no se ha sentado en el Rincón de pensar . Su última irrupción digna de ser guardada en Blu Ray, la hizo en un banco con sus alcaldes, su pueblo y su elección (¡fuera la que fuera!) como aquella muchacha que mezcló ácido clorhídrico con sulfato de cloro y lo dijo, pizpireta, a los micrófonos de Antena 3. Hay algo en ese instante, tan de barrio, tan cercano y electoral, que llamó la atención por su clarividencia. Se trata del hombre de al lado de Rajoy , Martínez Maillo, que, tras la efusiva oración dotada de una elocuencia manifiestamente mejorable, arrancó en un aplauso muy fuerte y solitario como pidiendo al menos un ascenso, hombre. El aplauso no deja de recordar a aquellos yuppies que salían de la oficina escuchando una historia que le contaba alguien que parecía su jefe y reían y bordeaban las palmas felatorias. -Y a usted ¿es que no le hace gracia? -Disculpe, yo es que no trabajo aquí. Algo más sutil fue Bertín Osborne de quien Rafa Cabeleira dijo que se estaba tapando la erección con un cojín. Departieron ante un share récord, recostados, Bertín y Mariano, Mariano y Bertín, como esas adolescentes pícaras que en plena fiesta del pijama y, tras el apagón pertinente, cuchichean y quieren decir cosas que no se puede por ser muy tarde o la televisión pública aunque se aplauden en silencio. Mariano salió ganador e incluso le pulió a Bertín al futbolín. Unos minutos antes, esos dos hombres de éxito estaban intentando encender una vitrocerámica pero ¿acaso nos podremos considerar hombres de éxito si la vitrocerámica no la encienden otros? El CIS, del que Coleta Morada ya ha dicho que “no manda” y que los que mandan son los españoles, decía ayer que un 41% del electorado no sabía a estas alturas a quién iba a aplaudir.

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