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Con un par de palillos: comer en China

China, tierra de incógnitas para el occidental profano. Las preguntas sobre el gigante asiático son proporcionales a la curiosidad que suscita. Comunismo, contaminación, comida. Alimentación. Manduca. Y es que, al fin y al cabo, de pan vive el hombre. O de arroz. O de tallarines. ¿O de bichos? ¿Qué demonios comen los chinos?

Comer sin cubertería

La respuesta varía de punta a punta de un país en el que clima, cultivos y costumbres influyen de manera decisiva en la gastronomía. Y ante todo, no responde a los estereotipos que los occidentales presuponen. No, la dieta china no incluye de manera regular los pinchitos de escorpiones ni el perro. Pero tampoco el cerdo agridulce, el pollo con almendras o los rollitos de primavera del restaurante chino con reparto a domicilio del barrio.

Norte y sur

La diferencia entre la dieta básica del norte y el sur de China es una de las primeras nociones a asimilar a la hora de adentrarse en su gastronomía. El clima seco y frío del norte favorece la producción de trigo, por lo que fideos de trigo, bollos rellenos y al vapor y las jiǎozi, las famosas empanadillas chinas al vapor, son alimentos cotidianos. En el sur, el arroz es cultivo extendido, por lo que también es el alimento más cotidiano, junto a los fideos de arroz y una variedad mucho mayor de frutas y verduras.

Lo que no varía es la manera de comer. En la tradición china, a diferencia de Occidente, la comida se dispone en el centro de la mesa y se comparte, con un bol de arroz por cabeza. Cuchillo y tenedor, considerados tradicionalmente utensilios bárbaros, no se utilizan. Los palillos son de uso individual y se emplean únicamente para llevarse la comida a la boca. No se agitan y, sobre todo, no se clavan en la comida, y mucho menos en el arroz.

Un abanico de sabores

Resumir en unas líneas los distintos sabores en China es tan difícil como insatisfactorio para los afortunados que los han experimentado en primera persona. No obstante, puede ser interesante a modo de introducción.

Así, la gastronomía norteña se distingue por la menor variedad de verduras, el gusto por lo salado y las recetas de elaboración simple pero sabrosa. En el oeste, la cultura musulmana deja su sello en la comida halal y en el uso del cordero en deliciosas barbacoas. En el este de China, los platos son dulces y ligeros. Las regiones centrales son famosas por su uso del picante más encendido y otros condimentos. En el sur, las minorías étnicas prefieren el sabor agrio y consumen guindilla frecuentemente.

Desayuno a la china

Los puestos callejeros de comida y locales ofrecen opciones muy distintas del desayuno occidental. La bebida típica es la leche de soja, a menudo complementada con los yóutiáo, sorprendentemente parecidos a los churros españoles. Los bollos al vapor con distintos rellenos son también habituales, servidos en unidades o en pequeñas cestas. Otras alternativas serían el pudding de tofu y las gachas de arroz. Pero la auténtica estrella matinal es el jiānbǐng, tortita enrollada con un huevo frito, encurtidos finamente troceados, cebolleta, cilantro y salsa picante. Por un euro, es la favorita del currante con prisas.

Desafíos culinarios

Son varias las medallas culinarias que pueden colgarse los lǎowài (extranjeros) en China. Comer (picante) como un chino más es solo la primera. Como los logros de los videojuegos, se desbloquean con cada comida de aspecto desafiante que el occidental engulle con éxito. Y es que la máxima es cierta. ¿Qué se come en China? Todo lo que vuele, mientras no sea un avión; todo lo que se mueva en el agua y no sea un submarino; todo lo que tenga cuatro patas y no sea una mesa o una silla.

Galería de los horrores culinarios

La lista es interminable y causa escalofríos a más de uno: lengua de pato, todo tipo de vísceras, patas de pollo, huevos centenarios o los aterradores yāzǐdàn, que conservan el embrión del ave dentro. Para quienes no se atrevan con semejante delicia, el chòu dòufu o tofu apestoso es ya toda una hazaña.

Un país fascinante cuya vía de conquista pasa por el estómago. Solo se precisan un par de palillos y un paladar dispuesto a aceptar desafíos. China y su cultura culinaria harán el resto.

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