Chiquito de La Calzada y el triunfo de la bondad

El pasado 11 de noviembre fallecía Chiquito de La Calzada. Y cada uno de los españoles, quien más quien menos, sufrió para no derramar una lagrima en público. Y todo el mundo expresó sus condolencias ante el no por esperado menos doloroso desenlace de uno de nuestros más queridos cómicos.

Y fue, en verdad, todo el mundo. La Casa Real y el Presidente del Gobierno. La Selección de fútbol hizo un minuto de silencio. Políticos de derechas y de izquierdas. Modernos y carrozas. Futboleros y culturetas. TODO EL MUNDO. Porque, como bien dijo alguien, “Chiquito sí que era transversal”.

Todo el mundo se alegra cuando los buenos ganan

No todos ellos le creerían un genio del humor —este cronista sí—, ni un renovador del lenguaje. Ni tampoco todos ellos utilizarían sus chascarrillos en su vida diaria, como el que suscribe hace a la menor oportunidad. Pero todos ellos tenían claro lo que sí era Chiquito. Una bellísima persona. Un ser noble y lleno de bondad que se ganó, contra todo pronóstico, el cariño de todo un país.

Porque a toda persona de bien le alegró el tardío éxito de este hombre humilde. Y es que resultó entrañable que alguien de sesenta y dos años alcanzara la fama, y ojalá también la fortuna, tras toda una vida de intentar ganarse la vida como buenamente pudo. Porque a mediados de los 90, cuando el público general le conoció, Chiquito ya llevaba medio siglo dando guerra como cantaor y animador en salas de fiestas. Y sólo Dios sabe lo que pudo tener que soportar en fiestas y espectáculos, con gente riéndose de él y de sus supuestas excentricidades, para llevarse algo a la boca.

Chiquito de La Calzada ya cantaba flamenco en los años sesenta

Hasta que llegó Genio y Figura, en 1994 y en Antena 3. Y no sería de extrañar que el objetivo de su “descubridor” no fuera otro que el de tener un friki en su programa, al más puro estilo Cárdenas. Craso error. Porque la gente pasó de reírse “de él” a reírse “con él”. Y, a base de bonhomía, simpatía y chistes, Chiquito calló muchas malintencionadas bocas y se fue ganando poco a poco el corazón de los españoles. Todo a base de ser un buen hombre.

Porque no era sólo su particular forma de contar los chistes y su forma de andar. Ni siquiera sus camisas ni sus patillas. El país entero se enamoró de él, de su persona. De su forma de saludar a la gente en las calles de su Málaga natal. De su forma de no tomarse en serio nada, ni a él mismo. De las entrevistas que hacía. Y, sobre todo, de la humildad que demostraba, sabiendo que lo suyo fue un golpe de suerte. Merecido, pero un golpe de suerte. Y que sin esa fortuna que le sobrevino probablemente seguiría aguantando impertinencias de señoritos por ganarse unas perras  para él y para su Pepita.

Si alguien te quiere como Chiquito a Pepita, no le dejes escapar

Porque otro de los elementos que nos hizo amarle fue la devoción a su mujer, Pepita. La forma en la que hablaba de ella. Y media España crujió de dolor cuando en 2012  se enteró de que Chiquito se había quedado viudo. Y comprobó el dolor que transpiraba en sus últimas entrevistas. Y se vio que Chiquito no iba a poder vivir sin ella. Que se iba a morir de pena. Que más tarde o más temprano iba a acompañar a su querida esposa.

Chiquito y Pepita, juntos para siempre

Desde ese momento todo fueron homenajes y merecidas muestras de cariño. Y España se preparaba para el fatal desenlace. Y por eso todos tuvimos el corazón en un puno y el mundo cómico y de la cultura se esforzó en mostrarle su cariño en las últimas semanas, cuando su salud no dio más de sí. Y, de tan buena persona que era, ha sido de los pocos compatriotas que ha sido profeta en su tierra. Y de los pocos españoles que se ha ido de este mundo sabiéndose querido y admirado por todos.

Y por eso el pasado día once, por mucha pena que sintiéramos, estábamos contentos. Porque sabíamos que se iba contento, y que por fin se reuniría con querida Pepita.

Diego Manresa Bilbao

Ingeniero y sin embargo cinefilo. Madrileño del año del Naranjito

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Diego Manresa Bilbao

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