Ascenso y declive del Rey Lagarto

Hubo una década en la que ser estrella del rock, era casi comparable a ser intocable. Una especie efímera que se popularizó en la década de los sesenta y que continuó a lo largo de los años, dejando numerosas víctimas en el camino. Quizás es difícil ponerse en la piel del que  vivió aquella experiencia, pero numerosos artistas, dejaron patente su incomodidad o su incapacidad de sobrellevar la fama. Algunos lo expresaron en sus canciones, otros se apartaron del mundo musical y en el peor de los casos, la muerte les obligó a apearse de su incontrolable ascenso al olimpo.

De entre todas aquellas figuras , hay una que rompió con todos los esquemas establecidos entonces: James Douglas Morrison, popularmente conocido como Jim Morrison. Como se diría coloquialmente, ya ha llovido bastante desde que los The Doors empezaron a ser un grupo habitual en el mítico club de Los Ángeles : El Whisky Go Go.  Pero la estela que dejaron, inspiró a toda una generación que necesitaba sentirse parte de una revolución espiritual. Muchos (entre ellos el mismo teclista del grupo Ray Manzarek) consideraron a Jim Morrison como un chamán, un líder nato que llevaba a sus seguidores a un extraño mundo onírico. La música de los Doors no era convencional.  No eran un grupo flower power aunque estuvieron en el momento más efervescente del género. Las letras de Jim Morrison acostumbraban a ir mucho más allá que las simples canciones pop de sus contemporáneos.

El Rey Lagarto
Foto de la banda

Interesado por la filosofía de Nietzsche, por los autores de la generación beat, o la poesía de William Blake, Jim Morrison traspasó una frontera artística en la que nadie  se había adentrado jamás. Sus actuaciones empezaron a tener un interés especial entre los espectadores y su fama empezó a dispararse de forma incontrolable. Es probable que Jim nunca hubiera buscado toda aquella repercusión, o al menos nunca se imaginó que terminaría siendo víctima de su propio “alter-ego”. Toda aquella situación le fue arrastrando a un abuso (cada vez mayor) de las drogas sintéticas y el alcohol, provocando así una decadencia personal palpable en las últimas actuaciones (famoso incidente en Miami).

El punto de inflexión para la vida de Jim Morrison, fue precisamente aquel concierto en Miami en el año 1969. En él, se acusó al grupo de fomentar unos valores nocivos para la sociedad joven americana y a Jim Morrison le cayó una condena de seis meses de trabajos forzados por simular una masturbación en público (no se pudo demostrar en ninguna de las fotos tomadas). La fama de la banda empezó a empeorar en los EEUU. Una campaña de desprestigio consiguió que los Doors tuvieran que cancelar todas las actuaciones que tenían pendientes para su gira Americana y el “miedo” empezó a apoderarse del cantante.

Aún con la sentencia en alto, Los The Doors entraron a grabar el que sería el último disco (en vida) de Jim Morrison. «L.A Woman» fue el título escogido para el álbum. La prensa consideró que aquel era el verdadero retorno del grupo. Pocos se imaginaban lo que estaba a punto de suceder… Jim anunció que lo dejaba, estaba fatigado de su ritmo de vida. Animado por su novia, decidió abandonar durante un tiempo la música y centrarse en una de sus pasiones : La poesía.

L.A Woman - Doors
Portada del disco «L.A Woman»

Jim y su novia escapan hacia París. La condena que pesaba sobre Morrison todavía no había entrado en vigor y jamás llegaría a cumplirse.En París encontró aquella calma que tanto anhelaba para escribir. Alquiló un apartamento en el número 17 de la calle “Rue de Beautreillis”. El entorno era idílico para la inspiración de un artista. En sus ratos libres paseaba hasta la preciosa “Place des Vosges” (justo al lado de su apartamento).

Todo parecía ir sobre ruedas para los Morrison, pero lo cierto es que en París, Jim no consiguió dejar su adicción al alcohol. Su salud empezó a deteriorarse a pasos agigantados, y desarrolló una tos crónica. Obligado por su novia, Jim visitó a un médico. Debía dejar inmediatamente la bebida, o las consecuencias serían nefastas.

El 3 de julio de 1971, el cuerpo sin vida de Morrison fue encontrado en la bañera de su apartamento. Tan solo tenía 27 años. Nadie excepto su novia y el dudoso médico que firmó el parte vió jamás el cadáver. Los rumores acerca de que no estaba muerto se popularizaron de tal manera, que mucha gente aseguró haberlo  visto en el underground de Los Ángeles. (Lo cierto es que recientemente, salió a la luz un artículo que parece sellar definitivamente la verdadera versión de la muerte del poeta.)

Jim Morrison en París
Jim Morrison en París

Tras su muerte, el grupo quedó realmente tocado. Los Doors firmaron algunos álbumes más con un modesto rendimiento económico. Quizás su obra más destacada, fue el  «An American Prayer»:  Un homenaje a la memoria de Jim Morrison. Para escribir el disco, se usaron varios poemas que grabó el día de su cumpleaños. Justo antes de partir hacia París.

Nadie nunca había mezclado la poesía, la música y el teatro en el mundo del rock. Los The Doors liderados por la cabeza pensante de Jim Morrison, fueron un destello de genialidad que prendió justo en el momento necesario.

Send this to a friend