Todo el mundo sabe que el cine español está en crisis. Aunque en esta década es cierto que se han batido récords de taquilla con títulos como Tadeo Jones (2001) de Enrique Gato, Lo Imposible (2012) de Juan Antonio Bayona u Ocho Apellidos Vascos (2014) de Emilio Martínez-Lázaro el éxito no sobrepasa los dedos de una mano. Las producciones españolas que consiguen llenar la salas de espectadores son muy escasas.

La afición por ir a ver una película al cine cada vez es menor y, si además se refiere a ir a ver una película española, el porcentaje baja más aún. El público que asiste a una sala de proyección lo hace mayoritariamente para ver una superproducción cinematográfica que, casualidades de la vida, suele ser norteamericana.

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Fachada del Teatro Calderón de Valladolid || Fuente: Iván García

No estamos acostumbrados a ver otro tipo de películas que no sea el convencional. Es verdad que no es nuestra culpa, la mayoría de las salas de proyección emiten los mismos títulos cinematográficos. Es difícil acudir a un cine en el que se puedan ver filmes diferentes, que cuenten historias reales, en el que a sus personajes les sucedan problemas que nos pueden suceder a nosotros mismos.

Cada vez es más raro encontrar una historia de un personaje en la que podamos reflejar nuestra propia vida o podamos emocionarnos con ellos. Los guiones cinematográficos están llenos de superhéroes que salvan al mundo de villanos, que también son superhombres, dejando de lado al ser mortal, al ser humano. Las grandes salas de proyección están unidas a las grandes productoras cinematográficas y éstas a las grandes distribuidoras internacionales. No hay nada que hacer.

Ante tal poder monopolizador todavía quedan algunas maravillosas excepciones que marchan paralelas ajenas a todo lo que está sucediendo. Un ejemplo claro  es La Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Las salas llenas de público y la cantidad/calidad de películas es una constante que demuestra que necesitamos más salas de exhibición de este tipo que apuesten por un cine diferente, un cine más independiente, un cine más real.

Cine de autor

Durante una semana la Seminci ofrece películas que difícilmente pueden verse más allá de este tipo de festivales. El cine independiente puede verse en su estado más puro: se proyectan cintas que han ganado en otros festivales internacionales como en Sundance o se estrenan mundialmente dentro de la «Sección Oficial».

Una «Sección Oficial» que, por ejemplo, ha apostado por la paridad ya que se han presentado la mitad dirigidas por mujeres. Además cabe destacar, como novedad, que La 62 Semana Internacional de Cine de Valladolid ha incorporado un nuevo ciclo a su programación habitual. Bajo el nombre de Supernovas, se han proyectado películas de directoras que han dirigido su primer largometraje el pasado año.

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Luis Tosar atendiendo a los medios de comunicación || Fuente: Iván García

Es un gesto claro de la organización del festival para apoyar un minoritario cine femenino. La mayoría de las películas llevan la firma de un director masculino. La participación de directoras en el mundo audiovisual siempre ha sido inferior, pero es un dato que año tras año está cambiando afortunadamente en un mundo que ha sido mayoritariamente masculino.

Luis Tosar y Emma Suárez han sido los galardonados con la Espiga de Honor este año. Ambos reconocían la valentía del Festival por «apostar por el cine independiente y de autor», un lugar maravilloso donde cada vez es más difícil mantenerse y continuar. El cineasta mexicano Arturo Ripstein, la intérprete Marisa Paredes y el director salmantino José Luis García Sánchez fueron los otros galardonados con la Espiga de Honor. Todos felicitaron a la Seminci por mantener la llama viva y por apostar por un cine independiente, un cine diferente al comercial, comprometido, social y de autor.

Todos ganamos

Lo importante no es saber quién ha sido la película ganadora del Festival. Lo importante es intentar asistir a la proyección de alguna película para ver un audiovisual diferente. Las cintas que se exhiben se hacen en versión original, subtituladas claro está, para poder disfrutar del sonido real, sin doblajes. No importa si el film es español, filipino o islandés. No es sólo el cine español quien está en crisis. Es el cine independiente a nivel global quien lo está.

Las historias que nos cuentan ciertos autores audiovisuales pueden ayudarnos a afrontar la vida de una manera más filosófica, podemos entender cómo llegan a engañarnos los gobiernos, incluso ver ciertas proyecciones hacen que no parezcamos bichos raros. Es cine de autor, es cine de verdad, es la vida.