La trama en 11.22.63 (JJ Abrams, Hulu, 2016) parte de un imposible. Una meta inalcanzable. Una misión utópica. El viaje al pasado como trayecto redentor, como exploración alentadora, épica y heroica para alterar positivamente el presente.

El profesor de inglés, Jake Epping (James Franco) viaja a 1960 a través de un portal del tiempo, la llamada «madriguera de conejo» (The Rabbit Hole), situada en el restaurante regentado por Al Templeton (Chris Cooper). El fin es salvar a John F. Kennedy del asesinato que el 22 de noviembre de 1963 terminó con el presidente de los Estados Unidos, muriendo con él la fe de toda una sociedad en un sistema de valores y pensamiento. Un estado de confort y seguridad que se resquebrajaba con la caída de su líder. Quizás, el primer gran golpe a esa Estados Unidos de ensueño que a mediados de siglo XX consiguió idealizarse, creando un simulacro de ella misma insostenible con el paso de las décadas.

No solo Jake debe adaptarse a convivir en una década distinta a la suya. También la serie como discurso

No solo Jake debe adaptarse a convivir en una década distinta a la suya. También la serie como discurso

Adaptando la novela homónima de Stephen King, esta miniserie producida por JJ Abrams consigue aletargar el fenómeno fantástico, convertirlo en un suceso latente donde la aproximación a una época y su contextualización moldean la factura estilística principal. Porque no es solo Jake el que debe adaptarse para vivir en una década distinta. También la serie como ficción audiovisual regenera sus formas y referencias, cambia su cadencia e inquietudes.

Espíritu detectivesco: vigilancia y obsesión

Para 11.22.63  viajar a los 60 no se convierte solo en una forma de concebir la trama desde una fisonomía identificable abrazada a la huella de un tiempo, sino también en un pretexto para adherir la serie a unas referencias fílmicas. Aquello que en un principio se desliza entre el territorio del thriller contemporáneo y el terror, se adscribe, con el traslado hacia al pasado, al suspense del cine moderno americano.

La serie como discurso altera su esqueleto narrativo. Jake recuerda a esos héroes accidentales, inocentes y tenaces del cine hitchcockiano. Personajes que se topan con el heroísmo y, víctimas de un rol forzoso y abrumador, se dejan gobernar por una pasión obsesiva que desvirtúa el rigor de sus acciones. Jake observa, intuye e interpreta cada uno de los movimientos de Lee Harvey Oswald, presunto asesino de Kennedy, marcándolo en una estrecha y febril vigilancia. El protagonista viene a remedar ese juego detectivesco articulado por el fotógrafo L.B. Jefferies en La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954). Postrado en una silla de ruedas, el personaje que interpreta James Stewart vigila cada gesto cotidiano de sus vecinos hasta sospechar, y finalmente descubrir, que tras la identidad de uno de ellos se esconde un asesino.

Jake recuerda a esos héroes accidentales, tenaces y obsesivos del cine de Hitchcock

Jake recuerda a esos héroes accidentales, tenaces y obsesivos del cine de Hitchcock

Como Jefferies, Jake acierta en su deducción, pero su espíritu visceral expone al personaje a sus propias debilidades, dudando de sus aptitudes y haciendo cuestionar al espectador el valor de las motivaciones finales perseguidas. Si en La Ventana Indiscreta Jefferies pone en peligro a su amada para comprobar una mera suposición, Jake hará lo propio con Sadie Dunhill (Sarah Gadon), en su ambiciosa, magnificente y difícilmente entendible intención de reescribir la historia.

11.22.63 alerta de los peligros del género fantástico y su licencia para alterar el pasado

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El héroe imposible

En la búsqueda frenética de cumplir con su cometido, Jake se topará con los límites que el género fantástico se autoimpone en el paso de los episodios. Modelar el pasado no asegura mejorar el presente. El héroe vuelve a su nimiedad, de la cual parece despojarse en su ilusa actitud ante el extraordinario desafío. Y es que en 11.22.63 es la ingenuidad hitchcockiana el motor dramático. El eje especulativo de unos acontecimientos asentados en la hipótesis. Una serie capaz de invocar el espíritu obstinado y perturbable, noble y paranoico que poseía a los protagonistas trenzados por el maestro del suspense en Vertigo o Con La Muerte en los Talones. Emulación audiovisual que logra eclipsar el punto de partida literario para adscribir la ficción a la historia del cine, sorteando la barrera de los tiempos y manifestándose contemporáneamente en forma de relato serial.

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